Las balas en Concepción IV. El Salón
Por C.R. Worth Antes de relatarles los acontecimientos del tren de las 2:40, es necesario que les …
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Por C.R. Worth Continué mi relato y, después de que el Sr. Frank H. Cole me preguntara por la re…
Por C.R. Worth Sentados en el salón, con la majestuosa vista de Central Park, la doncella nos traj…
Por C.R. Worth Mi nombre es Harriet Vanderbilt. Desde mi residencia de Central Park en Nueva York …
Por C.R. Worth (Continuación) Un lunes cualquiera, mientras dormía durante el día, le despertó un …
Por C.R. Worth Nicanor Sanguino no era como los demás, un hombre extraño según sus vecinos, ya que…
Por C.R. Worth Ya habían pasado dos años desde que empezaron a salir. Él era una persona reserva…
Por C.R. Worth Era uno de esos veranos en el que «El Lorenzo» apretaba que daba gusto, las temp…
Por C.R. Worth «Veo menos que un gato de escayola» Dicho popular Lo compró hace muchos años…
Por C.R. Worth Nacieron hace más de setenta años, el veintitrés de Enero de 1938, en el mom…
Por C.R. Worth Pesó tres kilos doscientos gramos, y desde que nació parecía que Dios la hab…
Por C.R. Worth Los veían entrar y salir cada día que había sesiones. Se paraban a su lado y…
(El juguete) Por C.R. Worth Ya estaba entradita en edad, llamada despectivamente «soltero…