Casi 300 académicos, intelectuales y profesionales suscriben en apenas 24 horas el manifiesto del Foro de Profesores y reclaman una respuesta política ante la crisis fronteriza
Hay momentos en los que una frontera deja de ser una línea sobre el mapa para convertirse en una pregunta. Ceuta atraviesa uno de ellos. Y la respuesta a esa pregunta empieza también a tomar forma en ámbitos que exceden la política partidista: 287 académicos, intelectuales, juristas y profesionales han respaldado en poco más de 24 horas el manifiesto promovido por el Foro de Profesores ante el Gobierno de España y las instituciones de la Unión Europea.
Entre las firmas figuran algunas de las voces más reconocibles de la universidad y del pensamiento español: Fernando Savater, Teresa Freixes, Araceli Mangas Martín, Gabriel Tortella, Francisco Sosa Wagner, Mikel Buesa, José María Marco, Miguel Ángel Quintana Paz, María Fidalgo Casares, María José Villaverde Rico, Antonio Remiro Brotons y Juan Antonio García Amado, entre otros.
No se trata únicamente de una relación de nombres. La diversidad de procedencias —profesores, catedráticos, juristas, diplomáticos, historiadores, economistas, periodistas, escritores, científicos y profesionales de distintos ámbitos— revela que la situación de Ceuta ha dejado de percibirse por un sector de la sociedad civil como un asunto periférico o exclusivamente migratorio.
Cuando la frontera se convierte en cuestión de Estado
El punto de partida del manifiesto es el asalto masivo registrado el pasado 30 de julio y sus consecuencias. Pero su tesis va más allá de la gestión coyuntural de los flujos migratorios.
Para sus promotores, lo ocurrido debe interpretarse como una crisis de Estado, con dimensiones geopolíticas, de seguridad nacional y de orden público. Bajo esta perspectiva, la frontera ceutí no puede abordarse únicamente mediante respuestas de emergencia: exige una política sostenida capaz de anticipar escenarios, garantizar la seguridad y ofrecer a la ciudad un horizonte de estabilidad.
El documento denuncia, además, el empleo de la migración irregular como instrumento de presión política y reclama al Gobierno español un refuerzo permanente de la seguridad, medios adecuados para la protección fronteriza y una aplicación rigurosa de la legislación de extranjería.
La cuestión, por tanto, no es sólo qué hacer ante una determinada crisis, sino qué política de Estado quiere España para una de sus fronteras exteriores y qué papel debe desempeñar Europa en su protección.
Una frontera española que también es europea
Es precisamente en este punto donde el manifiesto adquiere una dimensión comunitaria. Sus firmantes reclaman que la Unión Europea reconozca plenamente a Ceuta como frontera exterior europea en el norte de África y piden el despliegue permanente de efectivos y recursos de Frontex.
La reivindicación contiene una idea de fondo: la responsabilidad sobre esa frontera no debería descansar exclusivamente sobre las instituciones españolas. Si Ceuta constituye una frontera exterior de la Unión, su seguridad y su estabilidad forman parte también del proyecto europeo.
El manifiesto reclama asimismo una redefinición de la política española hacia Marruecos y la puesta en marcha de un Plan Integral de Desarrollo y Seguridad Socioeconómica para Ceuta. Seguridad y desarrollo aparecen así vinculados: no como dos agendas separadas, sino como elementos necesarios para garantizar el futuro de una ciudad cuya posición geográfica la sitúa en una encrucijada especialmente sensible.
El valor de una respuesta civil
Quizá uno de los elementos más significativos de esta iniciativa sea precisamente su procedencia. En un debate público dominado con frecuencia por la confrontación partidista, el manifiesto busca construir una respuesta desde el ámbito académico, intelectual y profesional.
Sus casi 300 adhesiones iniciales muestran que la cuestión de Ceuta suscita una inquietud que atraviesa distintas disciplinas y sensibilidades. Para el Foro de Profesores, ese respaldo demuestra que la defensa de la ciudad, de la soberanía española y de la frontera exterior europea constituye una preocupación compartida por sectores amplios de la sociedad civil.
En última instancia, el debate planteado por el manifiesto remite a una cuestión mayor: qué significa hoy defender una frontera europea y qué obligaciones se derivan de ello.
Ceuta vuelve así al centro de una conversación que no debería limitarse a los días de crisis ni a las imágenes de una frontera bajo presión. Porque una frontera también es una promesa de seguridad, un espacio de soberanía y, en el caso de Ceuta, un lugar donde España y Europa se encuentran cara a cara con su propia responsabilidad.
