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| Van Gogh: La ronda de presos. Wikipedia |
Cuando me preguntan qué ideología tengo, contesto: Yo no tengo ideología, tengo ojos y oídos. Tengo la realidad. La última vez me ocurrió en el parque de Oviedo. Me hizo gracia cuando un tipo me preguntó: ¿Y tú qué ideología tienes?
El peor enemigo de la libertad y la lucidez son las ideologías, las ideologías encierran nuestra mirada, sustituyen el mundo por esquemas, lo que no está en esos esquemas lo eliminamos, una ideología es un croquis en el que todo tiene que entrar a la fuerza y si no entra no existe, las ideologías son orejeras, en lugar de ver las cosas las pensamos y las simplificamos, las ideologías son lo contrario de las ideas, las ideas son concretas, ricas, vivas, como decía Schopenhauer, son creativas como mostró Jung, son estimulantes e inagotables, están en la entraña misma de la realidad como mostró la fenomenología de Husserl, surgen de ella pero no se imponen a ella.
El mundo es tan rico y cambiante y contradictorio que nunca cabrá en ninguna ideología, en ninguna doctrina, el mundo se ríe de todas las doctrinas, es como sustituir a los seres vivos por muñecos, a las ciudades por maquetas, la ideología es una fijación pero por debajo de ella la vida se mueve en toda su ambigüedad y complejidad, en su novedad constante, en su incesante fluir y contradecirse, si la miramos de verdad podemos captar ese fluir, pero si pretendemos regularizarla la tapamos, y detrás siempre estará el ángel que mueve el agua para reírse de nosotros y de nuestras chorradas simplificadoras.
Las ideologías por tanto se oponen a la inspiración, porque la inspiración es lo que no cabe por excelencia, lo que está fuera, lo que siempre aporta algo nuevo, recuerdas: “de lo que no se puede hablar es mejor callar”, acaba diciendo Witgenstein, y de ese callar viene lo desconocido, pero la ideología pretende que ya se conoce todo, que le hemos encontrado un sitio a todo, nos encerramos en nuestra cuadrícula y nos negamos a respirar el aire exterior, y precisamente en eso consiste el estar inspirado, en coger el aire exterior.
Lo que hay que hacer para recobrar la lucidez es liberarse de las ideologías, estar dispuesto a ver todo lo que se ponga delante aunque no encaje con nuestros esquemas, escuchar algo más que lo que queremos escuchar, estar dispuestos a sorprendernos y a enriquecernos, revisar continuamente nuestros esquemas si no podemos soltarlos, que el aire libre llegue a nosotros desde fuera de las ventanas, que las visiones nos alcancen desde más allá de nuestros pensamientos, que la brisa del mundo nos toque.
Y si no hay ideología hay inspiración, es decir, coger aire.
La inspiración, al revés que la ideología, tiene algo de erótico, de indecente, como en el fondo toda mística, por eso los teólogos se cabrean, y toda poesía es erotismo, es amor con el mundo, escucharlo sin límites, el espíritu nos dice: cállate de una vez, coño, déjate de conceptos y escucha, las musas se acuestan con nosotros como el Amor se acuesta con Psique en la noche, el caballero del Cisne besa en la noche a Genoveva de Brabante, el ángel nos morrea a nosotros para que callemos de una vez.
