La cleptomanía en nuestra sociedad



Es un trastorno mental más habitual de lo que nos imaginamos que “se caracteriza por una inclinación o un impulso obsesivo por robar". Las personas que lo padecen no se les presenta la sintomatología de la noche a la mañana, lo sufren desde hace tiempo. Al principio suelen ocultarlo con cierto éxito; no obstante, cada vez que reinciden se exponen a ser descubiertas, lo que implicaría un cierto rechazo, incluido el estigma social y familiar.

Cuando alguien roba no significa que esa persona esté apurada económicamente, en algunos casos concretos poseen más de lo necesario para salir adelante; ese será el tema a tratar en el presente artículo: La cleptomanía en nuestra sociedad.

Desde niña ya tenía conocimiento de quines iban por los comercios alargando la mano con cierta posición social... Bien pudiera resultar anecdótico la primera vez que lo escuchas, mas cuando te birlan delante de tus ojos no te hace ninguna gracia.

El caso me sucedió hace veintipocos años. Por aquella época yo poseía una tienda que había heredado de mis padres. Recuerdo perfectamente que era un viernes por la mañana cuando entró en mi establecimiento una clienta de toda la vida, la que me tenía apartado unos lienzos bastante caros desde hacía meses. Esta persona se los llevó precisamente el día del mercadillo, cuando se realizaba en la Plaza España y la tienda se encontraba abarrotada de clientes... La acción reprobable era que por su cuenta introdujo los cuadros en su carro de la compra sin que nadie la atendiese ni se los envolviese siquiera. Los eché en falta a llegada del cierre de mediodía, cuando me dispuse a reorganizar el artículo... e intuí que se los había llevado al recordar que los había visto entre sus manos largo tiempo contemplándolos.

Ni corta ni perezosa me acerqué a su casa a primera hora de la tarde y le presenté la factura de la pareja de lienzos con toda la normalidad del mundo, exigiéndole que debía darme algo de dinero debido a que ya tenía una cuenta atrasada; entonces ella fue a su bolso y me soltó 15.000 de las antiguas pesetas.

Parecido al citado caso y de cara al público me sucedieron varios. Recuerdo la aquella vez en la que vi a una clienta guardándose una figurita de porcelana en su bolso. Debió tener una tentación, no lo discuto, la que pudo acabar como el rosario de la aurora; obstante, mi prudencia contribuyó a suavizar la situación, ya que por una figurita de porcelana no iba a echar a perder a una clienta de toda la vida. El problema radicaba en que ella sabía que había sido pillada; por otro lado, yo me sentía en la obligación de que debía arreglarlo con la mayor discreción posible; de tal modo que aproveché el momento en que mis padres estaban en la otra tienda –pared por medio de ésta– para dejarla sola, con el fin de darle la oportunidad de soltar el objeto substraído. Cuando volví de nuevo y me acerqué a la clienta pude comprobar que lo había depositado y la cosa quedó en una simple anécdota.

“Una tentación la tiene cualquiera” dice una cita irónica; no sé hasta qué punto pudiera estar en lo cierto al no ser todas las tentaciones son iguales. Lo malo es cuando las personas se confían y pierden las formas al ser descubiertas, pues “tanto va el cántaro a la fuente que...”

Haces meses, mi esposo y yo llamados a un matrimonio para felicitar la Navidad, lo hacía tiempo que no hablábamos; de paso le preguntamos por unos amigos comunes de hace más de treinta años; luego era normal que non interesáramos por ellos en tiempos de pandemia... Nos contaron que se habían separado y juntado dos veces uno de los matrimonios comunes, pero que esta última vez era la definitiva, con papeles por medio. Era obvio que quisiéramos saber qué era lo que les había ocurrido, pues parecía una unión consolidada; entonces fue cuando nos empezaron a contar la historia desde el principio.

Por lo visto estaba bien situado el matrimonio; no obstante, dicen que el marido andaba por malos pasos –el que se separó de mi amiga–, y no era lo primero que había hecho. El escándalo saltó el día que se metió a rescatar una enorme tinaja en una propiedad privada para llevársela a su chalet, el solito por su cuenta. La tinaja pesaba tanto que se quedó pillado medio cuerpo, hasta tal punto que empezó a clamar al cielo cuando notó que se asfixiaba... Pasaba por la puerta una madre con su bebé en un carrito, que fue la que llamó a los municipales al escuchar los gritos de auxilio. Cuando llegaron al lugar concreto, viendo la gravedad del caso, avisaron a una ambulancia la que le ingresó en un hospital entre la vida y la muerte. Aquella acción supuso para mangante la pérdida de la sensibilidad de medio cuerpo y varias intervenciones que no lograron devolverlo a su estado natural.

Cuando se enteró el personal del episodio se organizó un gran revuelo; debido al escándalo él permaneció en casa avergonzado por su conducta. Pasó el tiempo y viendo su mujer que el encierro se prolongaba comenzó a pasear con sus amigas de siempre. Un día el marido se animó a salir en una de las fiestas populares, pero empezó a llegar a su casa ebrio, montado escándalos por doquier. Aquello les supuso la separación.

A medida que trascurría los meses, nuestra amiga común, la del mangante, se iría enterando de ciertos episodios que había tenido el marido en el trabajo familiar, los que el padre le había ocultado para no disgustar a su hija.

Todos nacemos inocentes; no obstante, iremos perfilando nuestro destino con cada decisión que tomemos en la vida. Hay acciones que nos hunden por la repercusión que tienen, de tal forma que ya no volveremos a ser los mismos.

Es una pena que un matrimonio de tantos años, que gozaba de buena posición económica, haya quedado destrozado, pues ¿qué necesidad tenía este hombre de complicarse la vida? Es lo que pudiéramos pensar muchos de nosotros; pero la historia no es así por lo que me han contado, la cosa venía de largo. Durante muchos años este hombre había estado realizando gestiones inapropiadas, y ésta era una más de tantas, de la que no había salido airoso por ser descubierto, lo que supuso el rechazo social y la separación definitiva de su familia. Así es la cleptomanía: un trastorno mental más habitual de lo que nos imaginamos, que se está dando en nuestra sociedad con mayor frecuencia. No lo echemos en saco roto.

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