Otoño






Me voy haciendo vieja
y en este umbral del otoño,
voy repasando una a una
las distintas etapas de mi vida.
Esa etapa en la que solo comía chocolate
y bailaba todas las noches la Danza de los cisnes de Tchaikovski.
O esa otra en la que solo escuchaba los tangos de Gardel
y estaba obsesionada con ir a Buenos Aires.
Recuerdo, como si fuera ayer,
cuando me dio por jugar a las cartas
y mis padres me desheredaron.
Distinto fue cuando andaba tres horas cada día
y mi profesor de matemáticas amenazó con denunciarme.
También recuerdo mi etapa revolucionaria,
reivindicando los derechos de los búhos a todas horas,
pero nunca olvidaré aquel camino ancho y agreste
por el que llegabas tú cada tarde,
cantando boleros,
como si siempre fuera primavera.

¿Qué te ha parecido?

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