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26.4.20

La vita è bella



Si eres padre, estás obligado a ello, aunque no lo sientas todos los días así.

Verás, te explico.

A pesar de estar en prisión permanente revisable, igual que tú, desde mi rincón del mundo observo muchas actitudes a diario. Actitudes que solo están basadas en hacer la vida más bella a los hijos.
Vivo en una urbanización pequeña de pisos, dúplex y apartamentos sencillos, como el mío, en la que las ventanas y terrazas dan a la piscina, en una suerte de patio que la hace parecer una prisión medianamente agradable.

Es una urbanización de padres jóvenes, con descendencias que van desde los 3 a los 25 años, más o menos.

Durante cuarenta días he observado como salen a aplaudir. Puntualmente, sin faltar un solo día. Y no lo hacen por los sanitarios, ni por dar apoyo al Gobierno, esta zona no es de voto socialcomunista, todo lo contrario. Lo hacen por un único motivo: esta urbanización está llena de niños.

Estos padres, con ganas o sin ellas, importándoles un carajo lo que la sociedad opine sobre sus aplausos, sacan a sus hijos a diario a las terrazas, con la única intención de darles una visión edulcorada de lo que estamos pasando, permitiendo que se rían con sus amigos saludándose de una terraza a otra. Aquí ese minuto se alarga, se pone música, todos se quedan un ratito compartiendo ese momento. Sinceramente, me emociona sentirlo y escuchar las voces de esos peques.

Esta mañana, al apartar la cortina, he visto madres colocando farolillos en sus terrazas, afanándose en convertir ese rincón de su hogar en una pequeña caseta de feria. Lo primero que he pensado es que no estaba bien, que no es el momento. Pero ese sentimiento me ha durado solo unos segundos… lo están haciendo por sus hijos, para no privarles de un rato de evasión. ¿Cómo podría criticar yo algo así?

Todos estamos sufriendo situaciones que nadie conoce. Cosas que nadie puede ver, salvo que topes con alguien que sepa profundizar en tu mirada. Así que tengamos respeto, y no juzguemos porque nadie conoce a nadie.

No creo que un muerto, y lo digo con todo el respeto, no entendiese lo que los padres tienen que hacer por sus hijos, y pudiese ofenderse por la sonrisa de un niño.

Sinceramente, hace tiempo que yo dejé de aplaudir. No lo hago desde el 12 de abril, último día que pude abrazar a mis cachorros. Cuando vuelvan a mi cueva, el día 30, arrancaré las cortinas de la casa y haré lo que sea para que vean que La vita è bella, tal y como supo enseñarnos Roberto Benigni a través un padre maravilloso. Ya tendrán tiempo de conocer la realidad de lo que está pasando.

Os regalo dos minutos de Guido. Seamos todos Guido hasta que esto pase, por nuestros hijos, al menos cuando nos estén observando.

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