La dignidad


La dignidad no se roba ni se pierde, pueden intentar destruirla. Tal vez algunos crean que consiguen machacarla o cuestionarla, sin percibir que son ellos quienes la están perdiendo.
La dignidad se lleva dentro y nos permite mantenernos erguidos, derechos, seguros, fuertes y tenaces. Se es o no se es, no es un estado. Ella nos permite seguir y continuar adelante pese a los problemas con la mirada de frente, la mente serena preparada para buscar soluciones, nos guía para ser valientes y luchar por ello. Ella impide que nos hundamos y seamos presa fácil de opresores y maltratadores.
Solo los cobardes e ignorantes pueden intentar sustraerla a otros, esos mismos que carecen de ella y se aprovechan de quienes no tuvieron el placer de comprobar que solo es humillado quien permite que así sea.
Lección de dignidad es la humildad, la escucha y la atención. La empatía, la sinceridad, avergonzarse frente a las mentiras y las manipulaciones. Simplemente, tratar a los demás como nos gusta ser tratados. Lo contrario nos hace indignos.
Sepan reconocer cuando alguien la tiene, les conviene si no quieren perder con sus propios actos la propia.
Porque la dignidad solo se pierde voluntariamente, nunca a la fuerza.