Rendición


A Ezequiel G. Tena García. Gracias por tu amistad cibernética y tu anti-poesía. Ya brindaremos por la alegría.
Todos los días rezo esta oración
al levantarme:
Oh Dios,
no me atormentes más.
Dime qué significan
estos espantos que me rodean.
Cercado estoy de monstruos…
¡son monstruos,
estoy cercado de monstruos!
Dámaso Alonso

Yo debería estar allí y no lo estoy;
Quizás circunstancias matemáticas de la vida.
Así es la vida. La vida es así, la vida, la vida.
Y tú me sumabas las risas y yo te dividía
las lágrimas, pero yo allí no estaba,
y debería estarlo, pero la ebriedad es un enemigo
acérrimo y cuando te besa te descoloca las palabras
en la cabeza. La vida, siempre la vida, y yo
sin estar allí y envolviéndome en llantos opacos,
la vida que es así de impertinente,
y yo que soy un inconsciente inefable,
-barroco místico, loco romántico-
debería estar y no lo estoy.
Me he cansado de seguirte como me he cansado
de la cama conyugal y de todas las historias
estúpidas que contabas. Restaban al cuerpo,
y multiplicaban los misterios insondables.
¿Y la vida? La vida es así. Siempre la vida,
empalagosa, miserable. Distinta. Inexacta.
¿Pero por qué yo no estaba allí?
¿Y allí por qué estaba él? Retórica de los días
que nunca llegan, estado nebuloso que agobia
a los ojos que no dictan la mirada.
Debo cerrar los ojos, y no pensar en ti.
No es que me duela, es que me cansa,
y el tiempo no es un segundo, ni un reloj
frenético ni un corazón esquivo,
es la miseria en sí misma. La vida, siempre la vida.
¿Y por qué la vida?
Amor que destruye las células. Amor que habita
en lo más deshabitado del silencio.

Sevilla, julio 2015