La Legión después de La Legión


(Carta a un nuevo legionario de los legionarios de corazón de ayer, de hoy y de siempre)


Por General Ruiz Benítez


Querido Legionario de nuevo ingreso que hoy te incorporas a La Legión procedente de tu centro de formación, querido hermano legionario.
 

Quizás te sorprenderá que te escriba unas líneas y que emplee esta fórmula fraternal para dirigirme a ti sin tan siquiera conocerte, pero como viejo legionario, lo hago desde el orgullo de haber servido veintidós años en nuestra gloriosa unidad y la responsabilidad que por tanto contraigo de transmitirte algunas reflexiones sobre el verdadero significado del compromiso que ahora asumes.
 

Te incorporas a tu nueva unidad y ante todo, debes saber que: 

La Legión es una de las obras más sublimes de la historia militar contemporánea. Es un dechado de oportunidad, visión de futuro, moral, sensibilidad humana, originalidad, innovación, valor, entrega, sacrificio, espíritu de servicio, ejemplaridad y eficacia. 
 

Nuestra unidad nació en un contexto histórico muy complicado.

Tras el desastre que motivó la pérdida de las últimas posesiones del imperio español, en Cuba, Puerto Rico y Filipinas en 1898, España se vio arrastrada por Gran Bretaña, de la mano de Francia, a hacerse cargo de la parte más conflictiva del territorio marroquí bajo la figura de un protectorado, circunstancia para la que no estaba preparada ni social, ni económica, ni políticamente y como se comprobará posteriormente, tampoco militarmente.
 

Cuando surge La Legión, la situación del Ejército español era verdaderamente precaria, la oficialidad estaba claramente decantada por las Juntas de Defensa, verdadero cáncer del Ejército, que entre otros objetivos perseguían la preminencia de los ascensos por antigüedad en detrimento de los de por méritos de guerra, condenando así a los destinos a Marruecos a ser poco solicitados y a cubrirse en la mayoría de los casos, con carácter forzoso, a lo que había que añadir un sistema de reclutamiento en el que todavía subsistía la posibilidad de la redención del cumplimiento del servicio militar mediante el abono de unas cuotas, que hacían de las clases más desfavorecidas el núcleo principal del que se nutrían las unidades; los efectivos eran claramente insuficientes, al haberse suprimido el tercer año de servicio militar en África y no haber sido sustituidos los correspondientes reemplazos; la moral era muy baja; las unidades estaban mal equipadas, mal instruidas, carentes de armamento moderno y municiones adecuadas; las operaciones estaban regidas por una doctrina claramente defensiva inspirada en la francesa resultante de la Primera Guerra Mundial con una marcada vocación de ocupación de posiciones defensivas principales, jalonadas por otras menores denominadas blocaos, que buscaban mostrar el dominio sobre el terreno en lo militar, para apoyar la acción política.
 

Esta alarmante situación en Marruecos, había llevado al Teniente Coronel Millán-Astray, gallego de La Coruña, a proponer al Ministerio de la Guerra la creación de una unidad armada, formada por personal voluntario español y extranjero que paliara las enormes carencias que el Ejército de África presentaba en motivación, moral, preparación, armamento, material y equipo y que sustituyese, además en un escenario tan demandante como el Marroquí, a los soldados de recluta obligatoria. 
 

En ese contexto, y tras no pocas dificultades, el 28 de enero de 1920 se promulga el Real Decreto fundacional de la nueva unidad, pero no es hasta el 20 de septiembre de ese mismo año, cuando se alista el primer legionario, tomándose desde entonces como ésta, la fecha fundacional del cuerpo.
 

¿Por qué La Legión es diferente?

Desde un principio su fundador, el teniente coronel Millán-Astray, la concibió distinta, compuesta por una tropa aguerrida, táctica y técnicamente muy preparada, bien equipada y moralmente fuerte para estar dispuesta al máximo sacrificio, el de la propia vida, sin más recompensa que la de ostentar el título de Caballeros Legionarios, que desde entonces distinguiría a una casta inigualable de guerreros, inspirados en su código moral, el Credo Legionario, materializado en doce sublimes espíritus que constituyen el alma de La Legión.
 

Esta singularidad se ve claramente expresada en el primero de ellos, el denominado espíritu del legionario: “Es único y sin igual, es de ciega y feroz acometividad, de buscar siempre acortar la distancia con el enemigo y llegar a la bayoneta”.
 

No creas que esto no nos ha traído y nos sigue trayendo algún que otro quebradero de cabeza, con todos aquellos que nos envidian, pero allá ellos, recuerda aquello que decía un viejo legionario de la época fundacional: “Viva La Legión y que se mueran los feos”. Los legionarios somos así.

 

Cuartel del Rey en Ceuta

¿Cómo fueron sus inicios?

Tras no pocas vicisitudes, reticencias y por qué no decirlo inconvenientes, muchos de ellos surgidos dentro del propio Ejército, tras el Real Decreto fundacional, se designa al Teniente Coronel Millán-Astray, como Jefe del Tercio, e inmediatamente se pone manos a la obra para dar forma a su Legión. La escena, es descrita en el primer tomo de la Historia de La Legión magníficamente: 
 

"Millán-Astray está en Ceuta resolviendo los mil problemas que se le presentan, acuciando su actividad y su capacidad de organización. Han pasado unos días y no llegan más hombres. Aunque está seguro de su obra, supone que llegarán cortas expediciones de siete a ocho enganchados. Pero a fines de septiembre, desde Barcelona le avisan que se han firmado unos cuatrocientos compromisos. La alegría le invade, exulta de gozo y telegrafía simplemente:<<¡Qué vengan!>>. Ha nacido La Legión.
 

Y llega, procedente de la Ciudad Condal, la primera expedición. En Algeciras embarcan, y al dar fondo el ancla del buque frente a Ceuta, Millán-Astray, impaciente, pide una embarcación gasolinera y sale a su encuentro para darles la bienvenida, y lo hace sencillamente y con elocuencia. Los que llegan lo escuchan interesados y al finalizar su alocución tiran al aire sus prendas de cabeza en señal de jolgorio".

José Millán-Astray, fundador de La Legión

De sus manos artesanas surgió la gran obra que dio como resultado ese excepcional combatiente, mitad monje y mitad soldado, que es el legionario, descrito así por el propio fundador:
 

“Son una extraña mezcla, nada más abigarrado, más diferente, más extraño que esta masa de hombres que se apresura a desembarcar. Algunos van bien vestidos, otros rotos, mugrientos y desarrapados; unos con monos azulados de obreros; otros semidesnudos. Son como la espuma oscura de una sociedad que les arrojó de su seno. Habrá entre ellos algunos que tengan cuentas pendientes con la justicia; sindicalistas que huyen de las luchas internas y que acaso hayan disparado su pistola desde una esquina; estudiantes que han vendido sus libros porque les place más la aventura; marineros hartos de hacer singladuras por los siete mares; inadaptados que en parte alguna hallan acomodo; hijos que han renunciado a sus familias quién sabe por qué estímulos inconfesables; aficionados a los paraísos artificiales que quieren entregar lo que les quede de vida a una causa noble; torerillos fracasados; extranjeros que sirvieron en otros ejércitos y salieron de ellos por causa que sólo los interesados deben saber; guerreros temperamentales que buscan ascensos y medallas; limpiabotas; cargadores de muelles; algún título nobiliario que por alguna razón no honró sus blasones; presuntos suicidas que no tuvieron el valor de matarse y buscan la limpia muerte de la guerra; aventureros que han corrido la Ceca y la Meca y hasta algún presidiario evadido.”
 

Esta maravillosa obra de un loco visionario sólo es posible apreciarla en su grandeza cuando nos paramos a reflexionar cuán difícil debió ser transformar a delincuentes, ex presidiarios, y aventureros de todas las ideologías, en una unidad disciplinada y eficiente, dispuesta siempre a ocupar los puestos de mayor riesgo y fatiga frente al enemigo y a buscar constantemente en el fuego, su redención.
 

Recuerda nuestro espíritu de disciplina: “Cumplirá su deber, obedecerá hasta morir”.
 

Los primeros legionarios

¿Cuál es su esencia moral?

A pesar de los múltiples escenarios en los que ha participado, los cambios orgánicos y la evolución en su armamento, material y equipo, hay algo que permanece inmutable en La Legión: su espíritu.
 

Es algo intangible, difícil de explicar, pero fácil de percibir. Todo lo que la rodea está empapado de sentimientos y sensaciones que vienen directamente del hecho pasional y sensible con relegamiento de lo racional y lo reflexivo.
 

Decía el General Pallás, antiguo Subinspector de La Legión, refiriéndose a la percepción que de ella se tenía en los difíciles momentos de la transición: “Los que adoran becerros de oro no nos pueden comprender, no pueden entender ni la rima ni la partitura de la mística legionaria”.
 

La historia de nuestra Unidad es, desde su fundación, la consecuencia de un estilo, de una liturgia, que supieron crear sus fundadores. El Teniente Coronel Millán-Astray, buen conocedor de la psicología humana supo identificar la necesidad de la creación de una unidad de voluntarios que paliara las carencias de un Ejército español en franca decadencia.
 

Frente a estas rémoras, Millán-Astray propone una unidad cohesionada, aguerrida, voluntaria para ser empleada en los puestos de mayor riesgo y fatiga, compuesta de hombres rudos y forjados en los mil y un avatares de la vida, con un marcado espíritu de unidad basado en un código ético que les redima de su incierto pasado: el Credo Legionario, maravilloso catecismo de la liturgia legionaria y que en palabras del propio fundador constituye: 
 

"El Alma espiritual de La Legión, médula y nervio, alma y rito de ella", en el que se rinde culto al valor, al honor, a la disciplina, al compañerismo, y a la Bandera, enseña sagrada de la Patria, y que recogidos en doce maravillosos espíritus, reflejan la firme voluntad de los legionarios del cumplimiento de su deber en las filas de La Legión, siguiendo sus mandatos.
 

De ello es ejemplo nuestro espíritu de combate: “La Legión pedirá siempre, siempre, combatir sin turno, sin contar los días, ni los meses, ni los años”.

Ser legionario constituye una manera de vivir y de pensar, de concebir la milicia como una auténtica religión con su mística, su liturgia y sus símbolos, esos que siempre acompañan y acompañaran a La Legión por muchos cambios que se produzcan en nuestra sociedad.
 

Recuerda nuestro espíritu de amistad: “De juramento entre cada dos hombres”, y el de compañerismo: “Con el sagrado juramento de no abandonar jamás a un hombre en el campo hasta perecer todos”.
 

¿Por qué La Legión es tan admirada?

Créeme, no son pocos los que se hacen esta pregunta. 
 

Desde su fundación en 1920 ha participado en cuantos conflictos se ha visto involucrada nuestra Patria: el socorro a Melilla tras el desastre de Annual y la posterior reconquista del territorio; los sucesos de Asturias y Cataluña durante la Segunda República; la Guerra Civil; la Guerra de Ifni; el conflicto del Sahara español; y más recientemente las misiones internacionales en las que nuestra unidad ha sido punta de lanza de las Fuerzas Armadas españolas en los escenarios más complicados y demandantes: Bosnia, Kosovo, Macedonia, el Líbano, el Congo, Afganistán, Iraq, República Centroafricana, Mali o Eslovaquia, son algunos de sus ejemplos.
 

Esto no es sino el reflejo del cumplimiento de nuestro espíritu de acudir al fuego: “La Legión, desde el hombre solo, hasta La Legión entera, acudirá siempre donde oiga fuego, de día, de noche, siempre, siempre, aunque no tenga orden para ello”.
 

A lo largo de ese ya largo camino, el valor, la entrega y el heroísmo han sido nuestras señas de identidad, y las cifras así lo demuestran: cerca de cuarentaiséis mil bajas en total a lo largo de toda su historia es el alto tributo de sangre que hemos pagado a nuestro compromiso con la defensa de España.
 

Pero no es ningún alarde, no necesitamos presumir, está en nuestro ADN, reflejado en nuestro espíritu de la Muerte: “El morir en el combate es el mayor honor, no se muere más que una vez, la muerte llega si dolor y el morir no es tan horrible como parece. Lo más horrible es vivir siendo un cobarde”.
 

La Legión es pueblo y el pueblo es Legión. Sus legionarios proceden de los más diversos estratos de la sociedad, y ésta los reconoce como suyos, por lo que se produce una verdadera simbiosis identificativa que trasciende más allá de lo castrense para convertirse en un verdadero fenómeno social. La aparición de nuestras unidades en ejercicios y maniobras, desfiles, actos de homenaje a la Bandera, procesiones religiosas o presencia en colegios, despierta una inusitada expectación con la que el pueblo devuelve en una manifestación espontánea y sincera de fervor y entrega sin límites, su cariño y consideración a esos “hombres a quien la suerte hirió con zarpa de fiera”.
 

Estatua a Millán-Astray en Ceuta


Pero La Legión ya no es lo que era.

No te arredres, esa frase nos ha perseguido a todos los que cargados de jóvenes ilusiones, como tú ahora, accedimos a ella. No lo creas. Hoy La Legión ha perdido algunas de sus señas de identidad propia: su propio sistema de reclutamiento, el reclutamiento de extranjeros, la escala legionaria, los tercios saharianos, su propio código disciplinario, pero su esencia es la misma. Hoy los nuevos legionarios que, como tú se incorporan, lo hacen cargados de ilusión, con plena identificación son su valores, y con total compromiso de servir en sus filas, como lo hicieron aquellos primeros legionarios que llegaron al cuartel del Rey en Ceuta.
 

Hoy recibimos a lo mejor de nuestra juventud, una juventud entregada al servicio a España, que nos aporta frescura, entusiasmo, y que contribuye día a día a engrandecer el sacrosanto nombre de La Legión, y tú eres uno de ellos.

 

El vínculo con La Legión perdura de por vida


¿Cuándo finalices tu compromiso, romperás los lazos que ahora te unen a ella? La Legión después de La Legión.

En absoluto, el vínculo con La Legión de los que de alguna manera han formado parte de ella o han tenido algún tipo de relación, no termina cuando se abandonan sus filas, sino que trasciende mucho más allá, creando una comunión permanente e  indisoluble que perdura a lo largo del tiempo, una vez que se abrazó el espíritu legionario.
 

Al mismo tiempo, nuestra unidad, por sus especiales características, tiene una enorme raigambre en la sociedad española que la hace especialmente proclive a crear lazos con diferentes estamentos, organismos y segmentos sociales de España y del mundo. Quizás, la variada procedencia de sus legionarios, con posibilidad de alistamiento de personal español y extranjero, sea el principal motivo.
 

No han sido pocos los casos en que tras abandonar nuestra unidad, los legionarios se han sentido huérfanos y desarraigados de una sociedad que no respondía a sus requerimientos y necesidades, y han emprendido caminos sin retorno.
 

Precisamente para ello, surgieron las Hermandades de Antiguos Caballeros Legionarios que, dirigidas por la Hermandad Nacional de Madrid, realizan una impagable labor de asesoramiento, auxilio y cariño al legionario que lo necesite, en cumplimiento de nuestro espíritu de unión y socorro: “A la voz de a mí La Legión, sea donde sea, acudirán todos y con razón o sin ella, defenderán al legionario que pida auxilio”.
 

Esta tarea es complementada por la Fundación Tercio de Extranjeros que igualmente auxilia a los legionarios más necesitados y que ha conseguido poner en marcha varias casas de acogida a antiguos legionarios mediante una labor altruista, eficiente y continua, en favor de los más necesitados.
 

Así mismo, y en un ejemplo de cariño a La Legión y lo que significa, la Hermandad Nacional de Legionarios de Honor realiza una magnífica labor en apoyo a todo lo que significa su legado cultural e histórico y en apoyo a antiguos legionarios, realizando una labor social impagable. Sus miembros, dignos herederos del primer legionario de honor nombrado por el fundador, D. José Ortega Munilla, constituyen un verdadero baluarte en defensa de los intereses de La Legión, preservando y difundiendo el espíritu legionario y los valores y tradiciones de esta unidad, ante diferentes estamentos de la sociedad, plenos de ilusión y empuje, y que han conseguido instituir una auténtico hermanamiento entre la sociedad civil y la militar. Se sienten, con pleno derecho, parte de La Legión, ya que el título de legionarios de honor que se les otorga con carácter individual reconoce a aquellas personas que, sin ser necesariamente militares de carrera, demuestran en su vida los valores legionarios de honor y amistad, manteniendo fuertes lazos con ella.
 

Merece también la pena reseñarte la especial relación que La Legión tiene con las Hermandades y Cofradías de Semana Santa. Son múltiples las que reclaman la presencia de unidades legionarias para participar en los diferentes actos litúrgicos y religiosos tales como Guardias a sagrados titulares, Vía Crucis, desfiles procesionales, etc., y que ponen de manifiesto el enraizamiento legionario entre el pueblo llano y sus gentes, que materializan su cariño y cercanía a pie de calle en muchos rincones de España.
 

Por último, es obligado mencionar la especial relación que La Legión tiene con las ciudades en las que está ubicada: Melilla, Ceuta, Almería, Ronda y Alicante, lo que hace que a dos de ellas: Ceuta y Ronda, se les haya concedido el título de Legionarias de honor. 
 

Además, a nuestra les han sido otorgados numerosos reconocimientos por parte de ayuntamientos de otras localidades, instituciones y organismos materializados en denominación de calles o plazas con su nombre o con los de algunos de sus héroes, erección de estatuas o monolitos, o recompensas, entre las que cabe destacar la medalla de oro de Andalucía que le fue concedida en reconocimiento a su compromiso con los valores en febrero de 2020.
 

El vínculo de los que aman a La Legión trasciende más allá de los que forman en sus filas y se extiende a todos los que de alguna manera la llevan en su alma, en su pecho y en su corazón, en los cuatro rincones de España y allende nuestras fronteras.
 

Hemos cumplido ya ciento cincuenta años y a lo largo de nuestra dilatada historia, desde los comienzos en Marruecos, hasta las últimas misiones internacionales, La Legión ha sabido conjugar tradición y modernidad, evolucionando para adaptarse al devenir de los tiempos, tácticas, técnicas y procedimientos de combate.
 

Finalmente, no olvides nunca.

Que como digno heredero de esa tradición de más de cien años debes sentirte orgulloso y a la vez responsable de ese legado heroico que tantos héroes forjaron y que tú, como componente de pleno derecho, ahora recibes.
 

Solo me queda recordarte las palabras que nuestro fundador dirigía a sus primeros legionarios al alistarse a La Legión: “Que cada uno encuentre lo que anda buscando, si ha de ser para su bien”.
 

Permíteme que para finalizar, encomiende a nuestro Protector, el Cristo de la Buena Muerte, a todos los legionarios de ayer, de hoy y de siempre, para que los acoja en su seno y los guíe en su camino, con esta oración legionaria que a Él le dedico.
 

Cristo de la Buena Muerte.
 

Adelantado en la tierra.
 

Pendón de pechos guerreros.
 

Fiel hermano legionario, porque tú fuiste primero.
 

En abrazar en tu cruz, con tu sufrimiento ciego.
 

A ese noble legionario que allá en su pozo, altanero.
 

Desafía al vil enemigo, sus cañones, sus morteros.
 

Para enarbolar más alto, ese pendón heredero de la tradición hispana.
 

Almena, baluarte, castillo, reducto imperecedero.
 

Donde no llegan ni asoman porque no tienen sustento:
 

Desalientos, frustraciones, desánimos, desesperos.
 

Guion que bajo sus pliegues acoge a hombres dispersos.
 

Difuminados, inmersos en su propia vida sin recalar en el resto.
 

Y que con la sola magia de su tremolar inhiesto.
 

Transforma mágicamente una vida sin sentido en el más grande misterio. 
 

De una mística guerrera al servicio de su pueblo.
 

No permitas tú, Cristo nuestro, que estos nobles legionarios:
 

Bravos, aguerridos, fieros, desinteresados, justos, patriotas, gallardos, incomprendidos, perfectos.
 

Pierdan esa protección que les brinda tus desvelos.
 

Que se aparten de tu lado, que rompan con ese sello, que tienen sobre su alma y que sólo les da el Tercio.
 

No permitas tú, legionario primero, tú qué sabes de su empuje de su arrojo y su desprecio, ante toda situación que conlleve algo de riesgo.
 

Que se les calumnie nunca, se les desprecie o humille, pues todos sus malos hechos son:

Tener un glorioso pasado pleno de honras y muertos, querer a Dios y a su Patria por encima de dineros, y estar dispuesto en cabeza a morir como un guerrero.

Permítenos ahora y siempre, oh tu Dios nuestro, que podamos seguir implorándote y llamándote: 
¡Legionario primero!

¡Querido hermano legionario, Bienvenido!
¡Larga vida a La Legión!

Mayo de 2026


Una representación de la Hermandad Nacional de Legionarios de Honor en el homenaje al Comandante Arredondo en Baeza, su ciudad natal

 

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