Desde hace un tiempo el Google, cuando busco algo, me suelta las idioteces simplonas de la IA.
Pregunto por una cosa y me suelta un montón de cosas remotamente parecidas, en el sonido o en el significado. Todo lo confunde y todo lo simplifica.
Y a eso lo llaman “inteligencia”. También llamaban “amor al prójimo” a torturar a alguien que no tiene tus mismas creencias y llamaban “camarada” a quien enviaban a Siberia por un comentario. El lenguaje está echado a perder.
Lo que llaman “inteligencia” es aplicar maquinalmente unas reglas a unos datos. Las reglas son discutibles, y los datos, por muy grandes que sean, son limitados.
Pero la Inteligencia de verdad es algo vivo y animado. No es funcionar de manera muerta y maquinal, sin escuchar ni ver nada.
Las máquinas en general no se enteran de nada importante, pero esta IA de ahora se entera menos que ningún otro artefacto.
Y así se simplifica todo, se empobrece todo nuestro mundo. Y los papanatas tan satisfechos. Abdican de sí mismos y se sienten tan contentos. Los marginan en lugar de simplezas y están conformes.
Para qué poner ejemplos de las simplezas y las torpezas de la Idiotez Artificial. Son tan ridículas y tan patéticas muchas veces que darían risa si no estuvieran jodiendo nuestro mundo.
Y pretenden que hagan diagnósticos médicos, que hagan operaciones. Que tomen decisiones políticas o judiciales. Que dirijan nuestro mundo. Pobre mundo.
Y te dicen que es el futuro, siempre nos chantajean con el futuro. Será el futuro si seguimos como pasmones en la misma dirección. El futuro no está escrito, será lo que todos queramos. Y dudo que la gente no se canse algún día, no se indigne de perder tanta calidad de vida. Dudo de que prefieran que los atienda una máquina tonta y no una persona viva.
Artefactos metidos en programas y códigos miserables sustituyen a personas vivas que son siempre imprevisibles y libres, así andamos. Sustituimos la libertad por la cárcel de los programas. Y la cultura de verdad por ignorancia llena de datos. Así nos va.
Matarlo todo, empobrecerlo, eso es lo que quieren. ¿Y la gente nos responde? Las masas son como corderitos que van alegres al matadero.
Por cierto, no sé por qué en las series aparecen siempre como frikis los expertos en informática. Al contrario, esos tipos son ahora los más normales e integrados. Los frikis somos los que no tenemos esa fe tan ciega en las máquinas y en los putos algoritmos.
El otro día iba en tren de Gijón a Avilés y cuando estaba llegando a Avilés la máquina decía: Próxima parada, Gijón. Es un símbolo de todo lo que estamos haciendo con las máquinas. Como no espabile un poco, la humanidad se va idiotizar cada vez más.
Porque lo malo es que se toma esa IA como modelo. Se simplifica todo, se empobrece todo, se despoja todo. Las propias personas funcionan como máquinas. Y si les preguntas algo diferente en un momento dado te miran espantadas. Casi revientan sus circuitos. Solo con que uses una expresión diferente a la que escuchan rutinariamente todos los días. Se les van los papeles.
Como las máquinas funcionan con programas, tiende todo el mundo a funcionar con programas rígidos y ciegos. Y repiten las mismas frases mecánicamente. De manera tan aburrida.
Si te contesta una máquina te dice: opción a, opción b. Si te contesta una persona ahora te dice lo mismo. Y si lo apuras te dice: no está en mis datos.
Y ese es el futuro que queremos. Al empobrecimiento incesante lo llaman progreso. Acabarán por estar programados y codificados los gestos que hacemos a lo largo del día, los besos que damos. Es más, se pueden programas industrialmente para todo el día, para todo el mes. Como en un cuento que escribí una vez.
La Idiotez Artificial nos idiotiza cada vez más. Por qué se producirá ese suicidio lento de toda la Humanidad. Se suicidan los pingüinos, dicen que se suicidan las ballenas. Pero este suicidio de toda una civilización resulta grotesco. Tal vez así acabó la mítica Atlántida. Nosotros no nos hundimos porque choquemos con un iceberg, nos hundimos porque nos idiotizamos cada vez más.
Pero a mí, como en la película “Titanic”, déjenme escuchar y crear música hasta el final.
Cada vez lo dicen más autores, ya no soy yo solo. Cuando lo dice uno solo es que está loco. Pero si le dan el premio Nobel a un coreano por decir cosas parecidas, algunos ya se ponen a pensar.
Adelante, pasmones, seguid destrozando el lenguaje y jaleando la idiotización progresiva. Y creed que el futuro es vuestro.
La vida siempre acaba reaccionando, la vida os derrotará, como dice un personaje de Orwell. La palabra “reaccionario” suena fatal ahora, porque todos creen a pies juntillas en el progreso. Pero si le pegas un palo es organismo REACCIONA. Y el verdadero progreso consiste en reaccionar de ese modo. Si no, estarías muerto.
Crean otros en idioteces artificiales, yo creo en la inteligencia de verdad. La de Ortega o Henri Bergson. O de la campesina del pueblo que sabe más que muchos programados.
El nuevo Moloch es mucho más idiota y masificador de lo que creía la antigua literatura.
Ilustración: Moloch de la película “Cabiria”, Museo del Cine de Turín
