Cómplices de la Luna

Por Antonio Costa Gómez


En alguna época yo decía que el Sol era fascista. Sobre todo el Sol prepotente y aplastante en ciertos sitios, en ciertos meses.

John Keats escribió un poema fascinante sobre “Endimión” que empieza con unos versos inolvidables: “Una cosa bella es un goce para siempre: / Su hermosura va creciendo / Y jamás caerá en la nada”. Un poeta vagabundo busca por todas partes a la Luna, la belleza absoluta, incluso en el fondo del mar.

Por un tiempo se enamora de una mortal, pero al final descubre que era la misma Luna que había adoptado otra forma. Tal vez “La hermosa dama sin piedad” que le descubrió lo increíble y después lo abandonó para siempre, era también la Luna que siempre se escapa.

Jules Laforgue también estaba fascinado por ella y le escribe versos entre irónicos y apasionados en “Imitación de Nuestra Señora la Luna”: “Luna bendita/ de los insomnios./ Astro fósil / que lo exilia todo./ Embarcadero / de los grandes misterios”. Laforgue le habla en tono irónico, pero es como cuando le decimos a una mujer medio en broma que la queremos, porque nos da miedo decirlo en serio.

Clara Janés conoce muy bien a Juan Eduardo Cirlot, el gran mago desconocido de la poesía española. Dice que Bronwyn, la amada mítica que Cirlot concibió a partir de la actriz de la película “El señor de la guerra” (Rosemary Forsyth) se identifica con la Luna, y significa el absoluto y la plenitud: “Sobre la tierra negra y cenicienta, / Bronwyn, mi corazón y las estrellas / perdidas en las páginas de fuego. / Las alas se aproximan a las olas”.

Hermann Hesse tiene un cuento que se titula “El lobo”. Los cazadores lo persiguen por el bosque, lo hieren de muerte y en el último momento mira desesperadamente a la Luna. Los cazadores ríen, saltan, beben aguardiente, para celebrar la muerte del lobo. Pero “ninguno vio la belleza del bosque nevado, ni la luna roja que colgaba sobre la montaña y cuya luz débil se reflejaba en los ojos quebrados del lobo muerto”.

Para qué hablar de “El lobo estepario”. En esa novela se pone a increpar el retrato de Goethe como un auténtico lobo de la Luna. Le fastidia la papada de Goethe, el academicismo del Goethe Olímpico. (Y sin embargo escribió tantas locuras en “Wilhem Meister, una vez a la luz de la Luna yo fasciné a una chica en Granada contando las aventuras del Arpista como si las estuviera inventando). (Y escribió tantas verdades poéticas en su autobiografía “Poesía y Verdad”, también Goethe tenía sus toques de lunático). (Y no solo en “Werther” o en la “Elegía de Marimbad”, no se lo crean).

Robert Graves la Luna es una de las manifestaciones de “La Diosa Blanca”, que nos inspira a todos y nos da vida y entusiasmo. Según él solo hay un tema verdadero para la poesía: el amor por la Diosa. Creemos a Graves todos somos amantes de la Luna, ella se acuesta con nosotros todas las noches y nos hace creativos y originales.

Jaleludim Rumi en “El beso que deseamos” dice que tenemos que abrir la ventana para que entre la Luna: “Yo, Luna del cielo oscuro, te dejo entrar./ He abierto la ventana para ti./ Esta noche ven a tocar mi cara, / presiona tus labios sobre los míos./ Cierro la puerta de las palabras, / abro la ventana del corazón./ El beso de la Luna solo llega si abro la ventana”.

Junichiro Tanizaki en “Elogio de la sombra” dice que los occidentales queremos vigilar con el foco hasta los más oscuros rincones de nuestras casas. Y así todo se nos esconde. Pero todo se asoma otra vez cuando vienen la noche y la Luna.

Giacomo Leopardi en sus “Cantos” desconfiaba del cosmos entero, pero recurría a menudo a la Luna como compañera y amante: “Oh tú, graciosa luna, bien recuerdo / que sobre esta colina, ahora hace un año, / angustiado venía a contemplarte / y tú te alzabas sobre aquel boscaje / como ahora que todo lo iluminas, / oh mi luna querida”.

Juana de Ibarbourou en “Canciones para Natacha” inventó una luna juguetona y erótica, leve y sin pretensiones: “La señora luna / le pidió al naranjo / un vestido verde / y un velillo blanco. / La señora luna / se quiere casar/ con un pajecillo / de la casa real”.

En alguna época yo decía que el Sol era fascista. Prefería la Luna confidencial y secreta. La Diosa Blanca de la inspiración y de lo escondido.

¿Qué te ha parecido?

Artículo anterior Artículo siguiente


__________


¿Te gustan los contenidos de LETRA LIBRE? Forma parte y aporta lo que quieras.


¡GRACIAS!