De paso por la vida, hacia la eternidad


Bien seguro que habremos escuchado algunas frases que nos han dejado una profunda huella y que recuerdas a menudo; no obstante, en la medida que vamos cumpliendo años, ciertas expresiones lapidarias que solías tener como algo llevadero y rutinario, pueden resultarnos una letanía con el paso de los años: “En esta vida estamos de paso; un día nacemos y otro día morimos. ¡Desaparecemos para siempre, sin que a nadie le importe! ¡Morimos sin llegar a ser sabios!” Job 4:20 – La Biblia.

En verdad que estamos de paso, aunque solemos olvidarlo a menudo; sobre todo a la hora de acumular enseres que parece que nos fueran a acompañar a la eternidad. No obstante, nos aferraremos a ellos hasta el final de nuestros días, aun sabiendo que no nos van a servir en el más allá. Nos vamos desnudos, del mismo modo que hemos venido al mundo, tan sólo con la experiencia de haber vivido.

Sería prudente que fuéramos pensando en aquello que nos va a servir en nuestro último viaje. Es lo que nos va a dar la clave para que nuestra existencia nos resulte gozosa. Sabemos que muchos seres humanos no alcanzaron su plenitud en el tiempo que les tocó de vida.

De cualquier modo, el paso por ella es una batalla diaria, un equilibrio en el caminar de la existencia desde el principio de la humanidad. Cada cierto tiempo comprobamos cómo se han venido produciendo todo tipo de circunstancias adversas: guerras, enfermedades, hambrunas, etc. Sin embargo, la sociedad actual nos parece que va siendo cada día más complicada.

El hombre se arriesgaba con la caza de animales salvajes para sacar adelante a su núcleo familiar. Hoy, por fortuna, no es el caso; no obstante, empezamos a observar cómo se va deteriorando nuestra estructura socioeconómica y cultural, ya que se pasa cada vez más necesidad en los hogares españoles.

Siempre han fallecido seres humanos en nuestro planeta por no tener qué llevarse a la boca. A día de hoy sigue siendo un hecho innegable. Es un drama que posee el significado de indigencia, miseria, pobreza… El que nos parecía un tanto lejano; sin embargo, cada día va estando más presente en nuestra sociedad por falta de perspectiva laboral y abandono de las zonas rurales.

Tenemos claro que estamos de paso por la vida, aunque la gran mayoría lo echemos a un lado. Nos desprenderemos de todo, como les ha pasado a algunos habitantes de La Palma. Ellos aún peor, porque muchos han perdido sus casas, además de sus negocios y tienen que empezar de nuevo a labrar su futuro… el que tarde o temprano también dejarán.

Al observar el hecho natural en la cordillera de Cumbre Vieja, en la isla La Palma, Canarias, nos daremos perfecta cuenta de que el hombre es una criatura frágil e insignificante. En este caso el volcán sigue su curso, sin pena ni gloria, arrasando todo lo que encuentra a su paso, y es entonces es cuando el hombre reflexiona sobre su ínfimo poder.

Pulula por las redes un texto del sacerdote jesuita Alfonso Llano Escobar, que dice: “La vida humana es una lucha diaria entre el ansia de crecer y las adversidades que se empeñan en hacernos decrecer… El antídoto contra el ansia de crecer, de figurar, nos viene del pensamiento de la muerte.”

Por Navidad, en el Día de los Difuntos, entre otras situaciones familiares, es cuando pensamos en los seres que nos faltan; momento en que nos acuden los recuerdos tristes. Son fechas en las que se instala en nuestra sociedad la añoranza y el pensamiento de la muerte; aunque contemplemos la opción de mirar hacia adelante. La vida sigue su curso irrefrenable, por mucho que nos hayamos afanado en hacerla diferente. Por ello las fiestas son casi tan precisas como el descanso. Nos distraen del DESIGNIO FINAL: La muerte nos igualará, nos devolverá a tierra, al polvo, a la eternidad.

Estamos ante una nueva Navidad, la que nunca volverá y quedará en el pasado; no obstante, el hombre es adicto a repetir fechas, celebraciones, momentos puntuales. El hombre atesora recuerdos para que ni él ni sus familiares permanezcan en el olvidado. Lo cierto es que estamos a merced de un tiempo de vuelo que forma parte de nuestro presente. Luego aquel que se aferra al pasado vive en la melancolía; aunque tampoco es bueno que permanezcamos demasiado ensimismados, pues ello nos conduciría al abatimiento.

NO HAY PRIMAVERA: No hay primavera para la flor. / En mí fluye la añoranza / de una estación que no alcanza, / mi primavera pasó.

Ya no hay primavera en flor. / Le siguió un verano ajado / y la secó de dolor / por no haber primavera de amor.

El verano quedó al lado, / ante un invierno transido, / lívido, congelado, afligido…/ el que heló mi corazón.

Pues no hay primavera, no, / que mi primavera pasó.

El que sólo piensa en su pasada primavera no vive su verano. El que vive pensando en el futuro se expone a la neurosis. El presente es lo único que tenemos, y lo estrenamos en cada instante; es renovador como la vida misma y amaina la melancolía.

Aceptemos la realidad y aprendamos a sacar partido de ella. Tal vez… ¿pudiéramos preparar un buen equipaje? <<No se lleva nada de los trajes que hayamos coleccionado en la vida, reales o virtuales, solo aquello que logramos que hiciera parte del alma de un buen ser humano, que logró dejar huella en todos aquellos a los que entregó algo de él mismo para que crecieran, nos seguirá en la eternidad>>. Texto de Raúl Erazo, Cali (Colombia).

De ese modo no estaremos solos: Muramos en lo elevado de nuestro vivo universo. / Construyamos la lista sublime del sueño incumplido. / Alojemos el más hermoso de los secretos / bajo un cielo de estrellas, en el último suspiro.

Y si lo estuviéramos, ya tampoco importaría dónde nos halláramos o fuésemos, porque en tal caso ya no habría remedio. Felices Fiestas para no olvidar.

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