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17.11.20

Doña Mencía Calderón, la primera adelantada en el Nuevo Mundo



Como reza el título del libro editado por el Ministerio de Defensa en 2012 “No fueron solos” y efectivamente no lo hicieron, ni fueron, ni lucharon, ni construyeron, ni contribuyeron a engrandecer el Nuevo Mundo, la España allende los mares, el Imperio donde jamás se ponía el sol. Y sí, las mujeres fueron pieza fundamental para aquella tarea titánica empezada por Colón en 1492.

 

Desde el primer momento las mujeres se empeñaron en la empresa de América. Ya en el tercer viaje de Colón iban mujeres en las naos para hacer labor colonizadora, para poner piedras fundamentales y fundar poblaciones. El mestizaje estaba consentido, incluso por los Reyes Católicos, y el trabajo era inmenso. Ciudades, universidades, hospitales, conventos, cabildos… ingente movimiento para trasladar la España peninsular a las nuevas colonias. ¿Alguien me puede decir cuántas universidades u hospitales fundaron los ingleses en América? Pues eso.

 

Y como he dicho, contribuyeron en todo. Ahí están los archivos. Y aunque son muchas podemos citar algunos ejemplos como Malinche junto a Hernán Cortés, mujer autóctona y con coraje, que contribuyó mucho al camino del conquistador extremeño. Mujeres navegantes, luchadoras y Valientes. Isabel Barreto, Inés Suárez junto a Valdivia, Beatriz de la Cueva (segunda esposa de Pedro de Alvarado) y nuestra protagonista, Mencía Calderón, primera adelantada en América, pero ¿Qué era un adelantado?

 

Ser Adelantado era una dignidad recibida por parte del rey, que era encomendada para realizar algo, para acometer alguna tarea importante. El adelantado, en el Nuevo Mundo, solo daba cuentas al Virrey. La figura del adelantado de frontera nació en la última parte de la Edad Media, con funciones militares, gubernativa y judiciales, con la tarea difícil de mantener a raya a los musulmanes. España, involucrada al máximo en una tarea de reconquista, acostumbrada a lo largo de los siglos a gestionar los “limes” de sus reinos, donde aprendió todo lo necesario para poner en marcha en las nuevas tierras, siguió usando esta figura.

 

Pues bien, aquella estructura organizativa, viva y vigente en la frontera cámbiate de aquella España tardo medieval, donde destacaban los escribanos, los traductores, los cartógrafos y otras tantas figuras necesarias para seguir avanzando y protegiéndose a la vez, cruzó el charco e hizo posible, como ya he mencionado, la conquista de América.

 

Mencía Calderón Ocampo era natural de Medellín, un pueblo de Badajoz (Extremadura). Se casó con Juan de Sanabria, que era viudo y adelantado del Río de la Plata. Sanabria falleció inesperadamente en Sevilla, mientras preparaba una expedición de 6 barcos con la misión de llevar 100 familia y unos 300 jóvenes, entre hombre y mujeres, a fundar dos pueblos y dar estabilidad a una zona fronteriza con los portugueses, en la actual Paraguay, que estaban importunando constantemente.

 

Aunque hay siempre hay dudas y temores al comenzar una empresa de aquel calibre, todo se precipita con la muerte de Sanabria. Una expedición contaba con patrocinadores y sufragadores, que se retiraron una vez tuvieron conocimiento del fallecimiento. Contratiempos que apenas se solucionaban, ni siquiera con el nombramiento del nuevo adelantado, el joven Diego de Sanabria, hijo de Juan e hijastro de doña Mencía. El temporal se cernía sobre la expedición incluso antes de haber partido. Aquí es cuando nuestra protagonista se propuso, a toda costa, salvar la empresa y proponerle algo inédito al Rey: el adelantamiento compartido con su hijastro. Para gozo y orgullo de doña Mencía, el monarca aceptó. Un poder de convicción indudable y un carisma digno de mención.

 

Y ella se puso manos a la obra desde el primer momento. Contuvo la sangría de caudales, las patrocinadores volvieron y la expedición tomaba forma. Así, el 10 de abril de 1550 partían desde Sanlúcar tres embarcaciones: el patache San Miguel, la carabela Asunción y la nao San Juan. Doña Mencía se hizo a la mar con sus tres hijas y encabezando un grupo de 50 mujeres, la mayoría jóvenes casaderas. El joven Diego quedó en España con la misión de recaudar más dinero para la expedición, para mandar los tres barcos restante.

 

A partir de aquel momento, a partir de fijar el rumbo hasta las Américas, las peripecias, contratiempos y desgracias, se cebaron en la expedición. Penalidades, tormentas, la furia del Atlántico, e incluso, un pirata normando, siempre avizor a víctimas indefensas, que atacó el patache donde viajaban las mujeres. Así, de aquellos 3 barcos solo dos consiguieron llegar a la Isla de Santa Catalina, en Brasil. Pero allí, lo que podía empeorar, empeoró.

 

Una vez que arribaron a tierra firme, fueron apresadas por los portugueses, que la retuvieron por 2 años. Lucha, entereza y valor personificados en doña Mencía que, a pesar de todo, y en un tiempo donde las violaciones estaban a la orden del día, había conseguido mantener a salvo el grupo, incluso preservar el honor de las mujeres. Pero las desgracias seguían acechando en la espesura de la selva.

 

Estando presa de los portugueses, doña Mencía tuvo conocimiento de los avances de su hijastro. Tuvo certeza que había conseguido el dinero necesario para armar otros tres barcos y que había partido de puerto pero también supo que una terrible tempestad hizo que la expedición naufragara frente a las costas de Venezuela. Todo se había perdido, incluso al joven don Diego se le dio por muerto. A partir de aquel momento, el adelantamiento compartido perdía su vigencia. Doña Mencía se quedaba sola en el nuevo mundo, y aunque ya no tenía la condición de adelanta, se sentía responsable de un grupo de mujeres, tenía una misión (con unas cláusulas marcadas de su contrato con el Rey) y estaba dispuesta, a toda costa, en cumplirla. Así que fundó el fuerte de San Francisco (actual Sao Francisco do Sul)

 

Aquel asentamiento, aquel fuerte fundado por doña Mencía sobrevivió a duras penas pues las dificultades fueron tremendas. El hambre, el clima y, sobre todo, los continuos ataques de los indios (algunos antropófagos) fueron minando la moral. Nada era fácil, todo costaba un mundo; cualquier paso, por muy pequeño que fuera, necesitaba de un enorme esfuerzo y un entusiasmo fuera de toda duda para no caer en el desánimo. Y no había día en el que no ocurriera algo que lastrara la voluntad. Incluso, en una de las salidas para cazar, desapareció el cronista alemán has Staden (gracias a sus escritos conocemos esta historia). Fue secuestrado por la tribu tupinamba de la que consiguió escapar, siendo rescatado por un barco francés. Un vez en Europa escribió su historia, que fue todo un éxito.

 

A doña Mencía la habíamos dejado en el fuerte que ella fundó y allí cada día era más difícil sobrevivir. Sin ayuda, sin víveres, sin ningún tipo de apoyo cercano, se desvanecía. Rodeados de tribus enemigas, portugueses y penalidades no veían salida alguna. Pero el destino es caprichoso y dio una leve oportunidad. Un día apareció un mestizo que se llamaba Díaz, el cual conocía el camino hasta Asunción. Después de consensuarlo y pensarlo, ante tanta fatalidad, se decidió emprender el camino. Un viaje de 1300 km a través de la jungla. ¿Alguien da más?

 

¿Alguien ha realizado un trayecto a pie, a través de la selva, salvando la nada despreciable distancia de 1300 Km? Hambre, ser, peligros, indios, seres salvajes y peligrosos. La fatiga, la desesperación, el amotinamiento, el cansancio extremo y la muerte cercana. Apena hay nada escrito de este trayecto, no hay testimonio de esa travesía agotadora. Lo único que se sabe es que, cuando faltaban 50 Km para Asunción, las gentes de aquel lugar tuvieron conocimiento de aquella Caravana de Mujeres y corrieron con ayuda, alimentos y transporte. Doña Mencía se negó y continuó a pie lo que le quedaba. Así en marzo de 1556, 6 años después de partir de Sanlúcar de Barrameda, entró por su propio pie en Asunción. Y con ella iban 21 mujeres y 22 hombres, que la habían seguido a través de medio mundo, salvando todo tipo de peligros. Toda una heroína.

 

Un historia asombrosa, una historia impactante y digna de ser conocida que ha llegado hasta nuestros días a través del cronista alemán. Y que hoy también podemos conocer mejor gracias al libro “El Corazón del Océano”, de Elvira Menéndez que, gracias a sus investigaciones en el Archivo de Indias de Sevilla, a podido documentarlo con realismo. También hay una serie española basada en el mismo.

 

Doña Mencía Calderón, la primera adelanta en América. Una mujer valiente y cabal que quiso cumplir la misión encomendada, que quiso contribuir a hacer más grande su tierra, que quiso poner su grano de arena y dejo su impronta para la historia. Que su recuerdo quede siempre con nosotros y sirvan estas letras como homenaje

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