Memoria histórica: una fiebre iconoclasta





¿Qué decir del maltrato a estatuas, iglesias, etc? Que es un maltratar la historia, un baratar el sufrimiento de nuestros antepasados, un malograr el futuro; una fiebre iconoclasta, una aberración. Una enfermedad mental.

Es propio de dictaduras suprimir la memoria que no interesa a sus efectos.
Hubo un tiempo, sin embargo, donde pareció posible la democracia. Fue el pacto de la Transición. A partir de aquel momento cualquier novedad podría haber llevado su propio sello. Que la amnistía no alcanzara en su abrazo fraternal a la historia -también a la memoria- es, ¿quién sabe?, el rebato cainita que tan bien conocemos: una llamada a la tragedia.

Los promotores de leyes llamadas de Memoria Histórica y Memoria Democrática palidecen de envidia y enrojecen de odio ante la nobleza del esfuerzo que alumbró la Ley de Amnistía, espíritu de la Transición. También este hito histórico quisieran borrar.


No apruebo y no promuevo que nos adentremos en la fiebre iconoclasta desatada por la ley de memoria histórica. Porque esa fiebre siempre acaba mal.

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