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12.5.20

El Gobierno oxímoron



¿Recuerdan ustedes qué es un oxímoron? Un oxímoron es una figura retórica por la cual complementando dos palabras contrapuestas se da lugar a una expresión única [y estética, añadiría]. Explicado esto, tras dos meses de confinamiento que han otorgado a mi lucidez una libertad insospechada, puedo decir que el control descontrolado de este ingobernable Gobierno no es más que eso: un lamentable oxímoron.

Desde el señor Illa a la señora Calviño, desde el señor Grande-Marlaska al señor Ábalos, pasando siempre por los boxes de Sánchez—los de mantenimiento o reparación de propuestas, no los de su íntimo vestuario—, todo ha sido un oxímoron; un decir algo y no decir nada; un hacer algo y no hacer nada. O, también, hacer lo opuesto a lo que venían. ¿O no? ¿No venían a combatir con sus únicas libertades el neofranquismo de la actualizada ultraderecha? La única que ha guerreado algo de paz ha sido la señora Robles que, a pesar se su delicada figura, y visto lo visto, ha hecho honor a su apellido.

Esta ha sido una comedia dramática, donde el Gobierno ha hecho gala de eso que decía: de estética. De una indecorosa estética basada en intragables e impuntuales pregones donde nada nuevo se decía o todo lo sabido se leía como las tablas de multiplicar. Pero no eran las de multiplicar, sino las de Moisés:

I. No tomarás la palabra del Gobierno en vano.
II. Honrarás a tu presidente.
III. No cometerás actos impuros [no te opondrás].
IV. No dirás bulos…

Díganme que no.

Ahora llega el último oxímoron: el de «la nueva normalidad», que muchos ya se han encargado, sobre todo en redes, de acentuar su diplopia (percepción doble de un objeto). Porque lo de nueva normalidad es para marearse. O marearnos.

¿Qué es esta nueva normalidad? ¡Otro oxímoron! No puede ser nuevo lo normal, ni normal lo nuevo; a no ser, claro, que se quiera normalizar lo que es atípico y que usted así lo entienda desde el principio. Que creo que es eso. Por tanto, mejor que un oxímoron, y peor aún, sería un sarcasmo. Porque nos lo han soltado como un insulto a la inteligencia. ¿No le parece? Si no es así, entonces empezaré a concluir que soy un mal pensado.

Es como esta desescalada. ¿Tampoco les impresiona que es como descender del Mulhacen sin equipo de montañismo? ¡Y a solas! ¿Y los trillones con que Europa, dice con errática seguridad Sánchez el tuteador, nos va a untar, cual vaselina, viento en popa a toda vela y cojan ustedes el jabón?

¿¡Y eso!? ¿¡Y el tuteo!? ¡Normal que la señora Montero —María Jesús— utilice el chiqui como lo más cercano a un tratamiento normal sin distinguir entre conocidos y desconocidos! ¡El usteo no es progresista! Esto es el resultado de que el alumno coleguee con el profesor.

¿Se ha fijado usted cuánto neologismo? Esto se me ha tenido que pegar de escuchar a la señora Montero —la otra: doña Irene, la del señor Iglesias— y su versión new language del DRAE.

En fin, como verán, y en este, al parecer, principio del fin de la reclusión voluntariamente forzosa o necesariamente no deseada, todo lo vivido con este [des]Gobierno ha sido, en no pocas ocasiones, un lamentable oxímoron. Un triste oxímoron que se ha cobrado con intereses vidas y sufrimientos de manera innecesaria, y dejará tiritando de frío nuestra pírica economía. Pero no se preocupen ustedes, que todo esto se solventará desde una perspectiva feminista, de género, transversal y antifascista, como bien ordena el señor Iglesias (curioso oxímoron el del personaje y su apellido): el macho alfa de este Gobierno.

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