La batería del corazón


Bienvenida al palacio de la duda,
a la casa del miedo.
Cómo echaban de menos tus pisadas
las baldosas del barrio.
Luis Alberto de Cuenca
La duda llega y nunca la esperas,
te traiciona como la erecta y sedienta
penetración de trágicas palabras. Y cómo te llega.
Nunca la esperas y ahí está, agrediéndote en los huevos,
y no es que duela, es como la avaricia decadente,
como esa pereza indecente que juega
con tu cuerpo abatido, golpea, golpea,
y te patea lentamente, con intensidad.
Te los toca demasiado. Bastante.
Nunca la esperas, pero llega inmediatamente
como cuando se te agota la batería del corazón y se desvía.
Y buscas recargarla a pesar de todo. Pero no hay
clavijas ni enchufes infinitos, se agota triste,
desvariando atónitamente. Maldito agotamiento.
Y llegan los versos perversos, fragmentados,
recolectando los ajustes de una seguridad
que sigue sacudiendo, deteriorando la tarjeta sd del alma,
y lo daña todo, sin posibilidad de formatearte.
Pausadamente te conviertes en un enigma
que no descifra las lágrimas y humilla, te vacía
el esperma desesperado, te revienta como
prostituta masturbación y quieres preguntarte a ti mismo
si es vida tóxica, pero no encuentras los gigabytes
de esa lección no aprendida. La duda, que te toca
los huevos sin preguntar y nunca la esperas.

Sevilla, octubre 2015