La vida consiste en el misterio, en la sorpresa, en que nada se reduzca a fórmulas. En que nada esté controlado, todo sea creativo sin fin.
En la libertad interior, en la imaginación. Pero el hombre moderno lo quiere todo claro y ordenado. Lo quiere controlar todo, no quiere que se le escape nada.
Y si se le escapa dice que no existe.
El tecnócrata quiere esquematizarlo todo, quiere meterlo todo en sus croquis. En realidad, lo quieren todos los científicos mecanicistas desde Buffon. Clasifican las cosas y nada se puede escapar de sus clases.
La ciencia mecanicista dicta leyes y órdenes sobre la naturaleza como el general sobre una población ocupada.
No se te ocurra incumplir esas leyes.
Pero la vida no cabe en reglas ni leyes, sorprende continuamente. La vida es creatividad constante, es libertad misteriosa. La vida es paradoja y contradicción y desafío de la lógica. En realidad la lógica siempre fue una cárcel. Así lo vio el poeta Patrick Kavanagh : por un agujero en el techo de la razón empieza el conocimiento.
Así lo vieron Dostoyevsky y Bergson y Nietzsche y tantos lúcidos. Que eran mucho más sabios que todos vosotros.
E incluso Henry Miller y toda la literatura. Nunca los académicos que lo quieren todo ordenado y obediente. Todo metido en fórmulas.
Por eso los tecnócratas no quieren misterio. Todo debe estar regulado y clasificado, todo debe ser gris y aburrido. La realidad obediente igual que los ciudadanos en las dictaduras fascistas.
A veces los fantasmas desobedecen, o los poetas. A veces los ojos de cualquiera, en un momento de descuido, ven lo que está prohibido, ven el misterio.
Pero tiene que callarse. La tecnocracia manda, el mecanicismo manda.
De todos modos, eso es como la ley seca en Estados Unidos. El alcohol puede estar prohibido, pero hay más borrachos que nunca en los sótanos.
Antes creían que los poderosos controlaban a la gente mediante la religión y los miedos. Y el arrogarse un saber sin explicaciones.
Pero ahora pasa lo mismo con los técnicos. Lo meten todo en sus reglas, en sus fórmulas. Lo quieren explicar todo, controlar todo. No hay lugar al misterio. Pero todo es misterio. Y nada cabe de verdad en sus fórmulas.
Y todas sus clasificaciones en realidad son falsas. “A eso se reduce nuestra ciencia, a una nomenclatura”, decía Balzac. Pero la vida con su misterio a duras penas se puede encerrar en los nombres. El lenguaje se rompe tantas veces.
No quieren ningún misterio, quieren comprenderlo todo. Es decir, simplificarlo. Y quieren comprenderte a ti. Es decir, controlarte.
Y sus algoritmos idiotas pretenden predecir todo. Pero en realidad no predicen nada. Ni siquiera los meteorólogos aciertan casi nunca con sus pronósticos. Y eso que son tan científicos, no son como los pronosticadores de siglos pasados.
Y es que en realidad todo es bastante imprevisible. Y no encaja en vuestras fórmulas. Y hay infinitos datos que vuestras máquinas no tienen. Y no se trata solo de datos. Los datos solo son polvo, ya lo decía Nietzsche.
Quieren comprenderlo todo para dominarlo todo. Y lo que no comprenden no existe. Y no existe el misterio.
Y si no pueden comprenderte a ti tú no existes. Porque tú eres misterio.
Y el misterio es que dejen ser lo que eres, que te dejen existir. Sin putas explicaciones que no explican nada. Como las simplezas de los psicólogos.
Y el futuro no será como decís. Porque la Humanidad puede cambiar de dirección, de comportamiento. Porque no comprendéis en el fondo nada. Porque el fondo es misterio.
Y por eso soy libre y escribo letras libres. Y soy un misterio. Y no me podéis encerrar. Y me río de vuestras miserables explicaciones.
Es la vieja amenaza hegeliana: si todo lo real es racional y se puede controlar. Si el Estado hegeliano (fascista o comunista) lo puede controlar todo. Pero Kierkegaard le contesta a Hegel: Mi angustia no la puedes controlar.
Y yo le digo: soy misterio, nunca lograrás ni siquiera olfatearme.