Muerte del columnista


En contadas ocasiones un hito funerario puede recordarnos el final de un tiempo de libertad; o prevenirnos de los graves peligros que la acechan (...) Tomarle el relevo debe ser sentido como una obligación para los columnistas que le lloran, no sea que todo quede en lo de siempre: en que Dios se lleva a los mejores y punto.

Para que Dios se lleve a los mejores es imprescindible, antes, que los mejores hayan llegado de alguna parte, que hayan llegado a serlo. ¿Suena en el oído del individuo la llamada espontánea?

En fin, es lo que hay.
D.E.P., David Gistau.

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