Pedacitos de mí
Foto: Retrato Naturaleza por Shiu Liu

Tengo un grupo de amigos muy cercanos. Cada día conozco un poquito más a cada uno de ellos y hay veces que conozco, incluso, a algún amigo cercano que no sabía que existía. De hecho, llevo más de 23 años conociendo a estos amigos, ya son parte de mí. Dependiendo del día tengo relación con algunos más que con otros. Hay épocas que uno de estos amigos se vuelve inseparable y dejo de lado a los demás, asimismo hay veces que uno se va de viaje y no le vuelvo a ver en mucho tiempo, a ciertos amigos no les he vuelvo a ver jamás.

Cada mañana al despertar los noto y una parte de mí elige con cuál de ellos voy a pasar la mañana, más tarde el día los pone a prueba y unos me dejan a la par que otros aparecen. El problema es que ciertos miembros de este exclusivo club de amigos no se llevan bien entre si y como consecuencia no podemos estar todos juntos al mismo tiempo. Por eso hay veces que lían un pifostio de los buenos y me cuesta elegir con cuál de ellos quedarme.

No es posible ponerle nombre a estos amigos, los diferencio sin necesidad de nombres. Pero si tuviera que presentar a alguno de ellos para darlos a entender los llamaría “Pedacitos de mí”.

La historia de estos amigos es la misma que la mía, compartimos un mismo futuro y juntos vamos construyendo un mismo pasado cada día. Voy escuchando y haciendo caso a cada uno de ellos, nos vamos relevando el control de los unos a los otros y todos juntos al mismo tiempo. Esta historia de amistad se llama autoconomiento y no tiene final.

Thomas Szasz decía: “ A menudo las personas dicen que aún no se han encontrado a sí mismas. Pero el sí mismo no es algo que uno encuentra, sino algo que uno crea”. Nos lleva toda la vida conocernos a nosotros mismos, descubrir perfiles y actitudes internas que nos sorprendan y dejar morir a otras que han llegado a su fin, se necesita mucho coraje para elegir con cuales de estos amigos vamos a continuar el viaje y cuáles son prescindibles. Elegir a que lobo alimentar.

Todos tenemos nuestro propio círculo de amigos y todos sabemos que las relaciones requieren tiempo y esfuerzo, esta no es para nada una excepción. A los amigos hay que saber escucharles, cuidarles e incluso hay que saber cuándo mandarles callar y decirles que no tienen razón. Hay que regarlos con la paciencia y saber cuándo perdonarles. Estos amigos a los que me refiero no son otros que todas las distintas versiones de uno mismo, nuestras actitudes, nuestras fortalezas y debilidades y como las afrontamos.

Desde niño mi madre me decía que cuidara mis amistades, que configuran mi futuro y el curso de nuestra personalidad. Siempre intentó que eligiera, según su criterio, a los amigos que más cosas buenas aportaran en mi vida. Me decía que me rodeara de gente positiva, gente fuerte, gente con buen corazón, gente sincera y valiente. Me decía que no tuviera miedo de cambiar de amigos cuando llegado el momento fuera necesario.

Con este peculiar grupo de amigos vamos a pasar toda la vida así que más nos vale elegirlos bien y cuidarlos. Y es que a mi madre no le faltaba razón, hace falta mucho coraje para cambiar de amigos, para cambiarse uno mismo. Requiere esfuerzo y entrenamiento levantarte por la mañana y vestirte con tu mejor yo, elegir cual es la actitud que va a gobernar nuestro día, escoger las virtudes que van a guiarnos en nuestras decisiones… decidir con que amigos vale la pena vivir.

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