Europa: utopía de una razón


Por mi parte lo tengo clarísimo. La traición a sus (nuestros) principios ha secado sus (nuestras) raíces. El proceso arranca de viejo, allá por la época de Lutero y Enrique VIII en los albores del XVI. La división de la Cristiandad es una herida abierta en Europa de la que nunca se recuperará. Las posiciones se enconan y el desencuentro radicaliza las posturas. El caso Galileo y antes la caída de Tomas Moro certifican la brecha. Sucesivas revoluciones van demasiado lejos -monstruosos sueños de la razón-, mostrando la imposibilidad de una Europa unida bajo el manto de la sola fe o de la coja razón. Y sucesivos puentes entre ambas concepciones, los que alumbrarían un humanismo cristiano (la razón natural, por cierto), fueron derribados por visiones radicalmente progresistas que preconizan la extinción del cristianismo e incluso el exterminio del contrario. Afirmo que la renuncia de la UE a sus raíces cristianas (cristianismo, filosofía griega y Derecho Romano son los tres pilares) en su proyecto de Constitución, enarbolado concretamente en la nefanda* filosofía de género, está produciendo una gran crisis reaccionaria a la que Europa como idea no sobrevivirá.

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*Nefanda: que resulta abominable por ir contra la moral y la ética.

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