Para qué sirve la sesión de investidura



Desde hace semanas llevamos escuchando sin cesar un embuste que, como muchos otros, ha calado hondo en la opinión pública española. La patraña en sí consiste en afearle a Rajoy que hubiera declinado el encargo del Rey para formar gobierno.

Quizás el problema es que la gente no entiende el sentido de una sesión de investidura, a qué se va a ella y por qué un candidato acepta el encargo del rey. La función de una sesión de investidura es ser investido como presidente, ni más ni menos. El problema de la “nueva política”, en la que parece estar incluida el PSOE (el PSOE nueva política, sí) es que todo acto en la vida pública de sus integrantes es un escaparate promocional. La política se ha convertido es un inmenso spot comercial en el que usar las instituciones, incluso al rey, para regocijo personal, como ha ocurrido con el señor Sánchez.

Cuando el Rey inicia una ronda de consultas, tiene la obligación de designar como encargado de formar gobierno a aquel que cuente con los apoyos necesarios para ser investido presidente del Gobierno. Lo que ninguno entendimos fue que Felipe VI designara a Rajoy aún sabiendo, y el propio presidente en funciones se lo hizo saber, que no contaba con los apoyos necesarios. Lógicamente, Rajoy declinó lo que no debería haber sido ni siquiera un ofrecimiento. El rey no debería haber propuesto a nadie, pues nadie tenía los apoyos. Las negociaciones se producen antes de la ronda de consultas, no después, pero señor Sánchez se negó en rotundo a hablar con Rajoy desde el mismo día de las elecciones, de modo que el presidente poco pudo hacer ya que los votos del PSOE eran indispensables.

Muchos dicen que Rajoy debería haber aceptado pues, aunque tenía el no inamovible del PSOE desde el 21 de diciembre, podría haber negociado con Ciudadanos habiendo alcanzado un pacto que le permitiera ir a la investidura con 163 escaños. Volvemos a lo mismo, a usar la sesión de investidura como un acto promocional. Acudir a una sesión de investidura con 163 escaños habría sido igual que acudir con 1 o con 131 como hizo Pedro Sánchez. No salen las cuentas. La inacción del presidente se debe simplemente a puras matemáticas. Sin el PSOE, al PP no le salen las cuentas, repito, no hay más. Puede negociar con C’s todo lo que queramos, de acuerdo, pero los socialistas son totalmente imprescindibles para una investidura de Rajoy o de cualquier candidato del PP, de ahí que los populares estén completamente parados a la espera de que el señor Sánchez abandone el sectarismo, ya que el presidente en funciones se ha negado a participar del espectáculo mediático que el candidato del PSOE ha organizado en torno a las negociaciones.

Felipe VI volvió a cometer el mismo error al designar a Pedro Sánchez para formar gobierno, conociendo de antemano que no tenía ningún apoyo por el momento, y este lo aceptó únicamente para salvar su trasero del acoso de su propio partido (que anhela con todas sus ansias quitárselo de en medio) y para ser el foco de atención de la prensa durante un mes, pues sabía que sería una investidura fallida, como finalmente fue.

El culpable de la situación de bloqueo que vivimos desde la celebración de las elecciones es el señor secretario general del PSOE que, en su competición con Iglesias por ver quién de los dos odia más a Rajoy, se ha negado a cualquier diálogo con los populares mientras se vanagloria de ser el partido del “diálogo”. El tratar a los populares como una epidemia de peste negra, ignorando a los más de 7 millones de personas que le han votado y habiendo sido el partido con más apoyos en los comicios es, claramente, lo más premonitorio del gobierno “conciliador” que pretende Sánchez. Por otra parte, el castañazo del Partido Socialista se escuchó hasta en Júpiter, pero Pedro ha conseguido, gracias a la descomunal campaña y estrategia de marketing de su equipo, que pareciera una victoria. “Corregir en los despachos lo que no nos han dado las urnas” como diría el señor Artur Mas.

Sánchez pretende ir al 26 de junio como “el hombre de consenso” (aunque excluya de sus negociaciones al partido ganador). Esa es su estrategia. Mientras tanto pretende lo imposible: que Ciudadanos y Podemos le apoyen como presidente. Que continúe el circo.