Habituarse al verbo odiar



A Maribel Fernández Gañán (El poeta celebra la vida, el filósofo la define. Qué suerte tienes Kino Navarro, tú de fiesta y yo con el diccionario)
Quizás, cuando me muera,
dirán: Era un poeta.
Y el mundo, siempre bello, brillará sin conciencia.
Gabriel Celaya
Y esa copa de cristal quiere convertirse pero
se revuelve, grita porque el cigarro se perpetua.
Seco, sequedad. Métrica lejana.
Una copa de cristal con olor a ron añejo en pedazos,
perfume ejecutado que no adoptaba la ternura,
seco, sequedad. Una desequilibrada copa de cristal.
La vida es un ensayo inagotable,
una triste métrica que no adivina el endecasílabo roto.
Y me pides habituarte, a aprenderte,
sabiendo que mi corazón es una ecuación descuidada
y obligatoriamente heptasílaba. Te me encasillas,
entre vocales y pronombres, métrica infinita,
¿Y la fe qué? Mi ebriedad trae problemas matemáticos,
y no voy a averiguarlos, la pereza me desafía.
Deviene la palabra adiós. No puedo habituarme
al odio que llega, detesto habituarme a tu tristeza.
Todo lo que tocas es un fracaso.
Quiero volver a ensayarte metafóricamente.
Alegre de mí no habituarme a tu cansancio.
Cuando me muera seré libre.
Yo no quiero ser poeta, solo deseo ser la palabra
Libertad, siempre con el viento de las gaviotas
que atardecen en la Caleta. Yo te he cruzado.
Tú quieres cruzarme. Maldita copa.

Kino Navarro
Sevilla, abril 2016