Elegía redimida al Cristo de los Ebrios Bienaventurados


Este es un poema muy especial para alguien también muy especial.
Gracias Pedro Jaén.
¿Quién, si yo gritara, me oiría desde las jerarquías
de los ángeles?...
Todo ángel es terrible.
Rainer María Rilke

Un último sueño vacío de hexámetros. No te puedo observar en la cruz,
pentrámeto que me duele allá dónde van los ángeles ebrios.
Y llueve en tus ojos delicados, ¿me bebo tu muerte?
No quiero ángeles trasnochando las palabras, tan solo te quiero a ti.
Pero te fuiste muerto y los bienaventurados juegan con el
atribulado corazón antiséptico. Ya es suficiente.
Tú llorarás resucitado, yo te escribiré infinitamente atormentado
con los hombres, pero no contigo. Te quise llorar luminosamente,
y te ibas alejando. Dejé de sentirte.
¿Y por qué sigo escribiendo sino te he bebido? Me regalaste el pecado
de beberme hasta el viento. ¿Para qué escribirte, si me has abandonado,
o quizá te abandoné yo? La razón no es fácil, es extraña.
Me diste todo lo bueno, te di todo lo malo. Ya es suficiente.
Beberte no puedo, ni quiero a esos ángeles liberados detrás de mí,
incordiando cada verso que limito.
Te fuiste pero estás aquí, esta elegía es para ti, solo para ti.
Me elevo, sigo elevándome hacia la cruz. Y grito palabras ebrias,
y te sigues yendo. ¿ Y si te bebo, te seguirás alejando?
Me fatigan los hombres, pero tú no, tú no me incomodas.
Ya es mucha soberbia, apuro mi aburrido trago.
¿Dónde va a nadar ese amor que te entregué?
Te me vas, y quizás yo también me voy. Pero ángeles
indecisos, no quiero. Si me olvidas, seguiré atravesando
el camino incompetente. Déjame beberte, ahora, mañana
y pasado, solo beberte. Te sigo llorándote alegramente.
Solo quiero beberte.