Verde, verde, demasiado verde



A Chus por eso tan grande que nos une.
Estando ausente de ti
¿qué vida puedo tener,
sino muerte padecer
la mayor que nunca vi?
Lástima tengo de mí,
pues de suerte persevero,
que muero, porque no muero.
San Juan de la Cruz
Aquellos ojos verdes que no iban cargados de fuego
sino de esencia y pereza ebria. Verdes como la tristeza.
Verdes como el ron pesado, pero nunca más
verdes que el deshabitado amor.
Hola claridad, hola oscuridad, verde, muy verde,
demasiado verde. Verde inútil como el silencio.
Fumar se me hace verde, tristemente verde,
pero no puedes beberme los ojos, aunque yo muero
por beberte y la perseverancia me acota el momento.
Hay cosas que no entiendo ni bebiéndote.
Verde, lejos, y más verde. Hombros pálidos. Verde bebida,
bebida que duerme el bíceps aterrado. Tanto verde desde aquí,
hola inmensidad, hola tiniebla. No más.
Ojos verdes, demasiado verdes y agotados,
sin revolución, glande legionario de los días
que dictan endecasílabos verdes, demasiado verdes.
Lenguaje que muere y muere. Hola eternidad,
siempre eternidad verde. Letra decadente, vocal verde,
todo muy verde. No me tiendas tu mano, al final llega
la caída, siempre, absolutamente verde.
Botella vacía, verde botella. ¿Queda algo verde?
¿Por qué no vuelves amor a suicidarte?
Aunque te duela, vuelve a hacerlo,
muérete aunque te duela. Verde muerte ausente.
Íntegramente muerte, aquí. Horizonte verde.
Muérete, muérete verdemente.