Y ésta va por vosotros, los niños

Estudiante de Derecho y Economía, filántropo, socioliberal, kantiano, joven (no sólo en edad, sino en el sentido idealista de no conformarse ante una injusticia).
‘Todas las personas mayores, antes que nada, fueron niños, aun cuando muy pocas se acuerden de ello’.
Antoine de Saint-Exupèry, “El Principito”


La principal diferencia entre un adulto y un niño es que la inocencia de éste no le permite ver más allá de lo que le apetece hacer o decir en ese preciso instante. Así es, además de sin ropa, se nace sin conocimientos, sin rencores, sin prejuicios, que se van adoptando junto al desarrollo primordial de la personalidad, en los primeros años.

El niño crece, y al hacerse adulto, forma parte de la sociedad, en donde se desarrolla y desarrolla también su ética y los valores que ha ido amoldando desde que comenzó a aprender allá por su primer llanto.

No es mentira que la sociedad es el conjunto de aquellos niños que crecieron. El problema llega cuando la sociedad es corrupta, cuando el ser humano en sociedad pierde por completo la empatía, cuando se mata por creencias integristas, cuando se roban cantidades inagotables en una vida o dos de dinero público destinado al bienestar ciudadano, cuando se tiene poder y se corrompe, cuando se llega a una situación de alienación ética en todos los aspectos de la vida cotidiana, tal y como se ha llegado en estos últimos años.

Digamos que las últimas generaciones hemos dejado en herencia este modelo, y que la burocracia corrompida intenta esconderlo mediante soluciones cortoplacistas, tales como comisiones de investigación, consejos de transición, turnismo político, intercambios de favores y encubrimientos, etc., pero, algo me hace pensar que, la premisa es que este sistema es corrupto, lo que me convierte en un antisistema, y que nuestras generaciones no serán capaces de cambiarlo ellas solas, porque han crecido dentro y se han beneficiado en cuanto han podido de él: necesitarán de las generaciones venideras.

Por ello, veo necesario cambiar el modelo transitorio e ineficiente, buscar un pacto social y cambiar las comisiones de investigación por Comisiones por el libre desarrollo del menor, un modelo de sociedad completamente nuevo, una verdadera “Transición” y no únicamente un cambio de régimen, demos de comer a los niños desnutridos y proporcionémosles total capacidad para desarrollarse en sociedad de una manera empática y que no cometan los mismos errores cometidos en el pasado.

Y ésta va por vosotros, los niños, sois mi última esperanza, hay que cuidaros, ya que no existe país desarrollado alguno mientras en él un solo niño esté pasando hambre.
'Hambre de comida, hambre de educación, hambre de conocimientos, hambre de justicia, hambre de democracia'.