Negra alegría que resucita


A Lolita, mi negra y egipcia gata
Todos los extremos se tocan. Hasta yo me toco,
y mis extremidades nunca se adivinan ni en colores
ni en palabras. Y en los términos indecisos observo
la figura negra que me ha abandonado como esa cosmografía
con cautela, paciencia y vigorizante.
Los decrépitos caducados provocados por tu desangelada
enfermedad te hace esencial, insurgente en ese devocionario
desvastado en este tumulto en el que me has dejado.
Recuerdo tus fotografías, pequeña camuflada
bajo las sábanas y cualquier otro oficio que buscabas.
No me has dejado, te has ido para abrir este camino
que necesito, y que anhelo:
negra alegría que resucita.
Sevilla, 30 de enero 2013