Mentiras del Mentidero



Y la plaza de Mina,
con la húmeda ternura italiana
de sus dioses desnudos
sobre los terciopelos verdioro
de las hojas de octubre…
Jose María Pemán

Olvida los adjetivos, los artículos, los pronombres,
los complementos indirectos del amor,
las conjugaciones pronominales y negativas en infinitivo,
todo lo absurdo de dictar reglas.
Quédate con las mentiras, piensa que son mágicas
como el levante apaciguado que se esconde en el Mentidero
descifrando la Bendición de Dios. Allí te despedí con un beso,
contacto final, tocado por una triste falacia y pronunciaste
la confusión. Y yo seguí deletreando ese cigarro frente
al mar de mis devaneos.
No lo llames amor, que me mata continuamente,
y me ahogo averiguando este roto cuerpo
que no se define en esas aguas templadas.
Mentiras, grandes y multiplicadas mentiras,
como esa nomenclatura química que se hace ácida.
Nunca es amor, es tortura crucificada.
Pero seguí el camino. Y allí se quedaron las demencias.
Llegué. Me desnudé y frente al espejo me mentí.