Consagración de la ternura


Voy a conversar con los semáforos
y allí te veré pernoctando con el tiempo,
con los ojos bendecidos, con la boca dócil,
entregándote, recordándome el camino.
Seguirás dormitando en el ámbar intermitente
mientras los besos jugarán a ser pronombres,
calles conjugadas con adjetivos.
Te contabilizaré los adverbios,
ignorando, omitiendo, relegando
como gemidos préteritos perfectos y simples,
elevando, fascinando, asumiendo
los momentos excitables, regulando las normas
y señales de nuestro código de circulación,
porque la ternura será inagotable
como mis dedos que son la prontitud inmensa
de la súplica de tus labios indecisos.
Descansa en tu afán amable,
precisa tu seducción
en mi cuerpo atándote a mis costillas.
Deja que te humedezca mientras tus ojos se iluminan
y elévate como levantan el vuelo las gaviotas.
Duerme, que yo sigo conversando en esta
consagración sublime e incalculable.

Sevilla, 24 de julio 2014