Conversación vulnerable


Vamos hablar tu yo, sinceramente, sin opciones morfológicas,
ni disyuntivas absurdas. Voy a apagar el cigarro,
para que nos consuma la apatía
y las cenizas dejen de resbalar como lágrimas glorificadas.
Sí, te negué, incluso negándome al infinito
constante de tu verbo, anclándome en esta soledad desequilibrada,
no eras tú, acaso fui yo o las palabras atormentadas.
Necesitaba tu aval para avivar esta afluencia afónica,
me quejaba del aire, de las risas, de la ineficacia
de amar como si te quemaran los besos y los labios
se travistieran en libros extrovertidos. Todo era queja,
pero te necesitaba, me ahogaba y despertaba con ecos
temerosos y alcoholizados. Déjame que te niegue más veces;
olvídame en esta necedad vulgar y coercible pero tú no me niegues,
siempre sé mi verbo infalible y permíteme continuar caminando
restringiendo los semáforos, ocultando las señales opacas.
Yo no quiero sexo, yo quiero solo el orgasmo ilimitado de mis emociones.
Hemos hablado, sin negociar lo absoluto, quedándonos tan solo desnudos.
Vuelvo a encender el cigarro; esta vez las cenizas son efímeras,
Y me acomodo en tus heridas y tú acomodándote en las mías,
vibrando, amando. Ya no son quejas, ni descuidos desgarrados,
es amor articulado, incansable y atenuado.

Sevilla, 30 de junio 2014