La cuestión catalana en términos económicos



‘La España subsidiada vive a costa de la Cataluña productiva'.
Éste se ha convertido en el nuevo discurso político sustentado por aquellos quienes defienden la autodeterminación del área geográfica que actualmente abarca dicha comunidad autónoma.

Incontables son los escándalos políticos que han surgido a raíz de las disputas y el pulso que mantienen el Gobierno central y el autonómico, por lo que me sería más fácil posicionarme a favor de uno u otro, pero no lo estimo oportuno ya que el análisis político da lugar a un abanico de interpretaciones de diversa índole, con escasos datos objetivos que limiten el carácter científico que pretendo hacer sobre la cuestión catalana, por lo que me he decantado realizarlo desde una perspectiva histórica, en concreto en el ámbito de la historia económica.

Invito a cualquier férreo defensor de la expresión mencionada al principio a abrir un libro de historia económica, cualquiera valdrá, pero recomiendo uno que no haya sido subvencionado por la Generalidad de Cataluña en los últimos años, quizás un libro más antiguo. A continuación, le invito a que busque información relativa a la industria textil catalana y el proteccionismo estatal durante el s. XIX. El primer argumento de un fiel defensor de la causa independentista se basaría en la mentalidad emprendedora catalana carente en el resto de España, negarían que el Gobierno central obligaba a través de medidas arancelarias la compra del resto del país de textiles no fabricados en esa zona, pese a ser de pésima calidad y precio elevadísimo comparado con los textiles ingleses.

Por lo tanto, ya hace doscientos años, tenemos los primeros indicios de ayuda a Cataluña, que pese a su mentalidad "emprendedora" se hubiera hundido si las presiones de los ciudadanos de la susodicha zona geográfica no hubieran presionado para abandonar el librecambismo, lo que hubiera aumentado el poder adquisitivo del resto del país que no tuvo culpa de la excesiva comodidad y el poco capital invertido en la industria catalana, que, gracias a una demanda fija, gozó de prosperidad económica basada principalmente en la industria textil.

Así, mientras la zona catalana crecía económicamente, las demás zonas, principalmente del Sur, contaban con el claro abandono del Estado, además de no poder permitirse unos textiles excesivamente caros. Ésta tónica se fue repitiendo durante el siglo XIX en su totalidad, gracias, además, al monopolio del comercio de algodón que se le concedió con Cuba. En 1898, la pérdida de Cuba y Filipinas dio lugar a una repatriación de capitales, principalmente en las ciudades de Barcelona y Bilbao, debido a su cercanía a Europa y al desarrollo de sus industrias por el proteccionismo, lo que acentuó aún más la diferencia entre las regiones "agraciadas" con la protección estatal y el resto del país, hasta el punto en el que la burguesía catalana constituía uno de los pesos políticos más importantes, que reclamaba más y más dinero procedente del Gobierno central como si de un pozo sin fondo se tratase, dinero que podría haber sido invertido en tratar de paliar las desigualdades territoriales de aquella broma de mal gusto llamada España. Como dato anecdótico, Primo de Rivera decidió dar el golpe de Estado en Barcelona debido al peso político de la burguesía de ésta.

Una vez aclarado desde el punto de vista de la historia económica el origen de las desigualdades territoriales económicas existentes en nuestro país, avanzamos en el tiempo hasta tal día como hoy.

Actualmente, debido a la presión de los nacionalismos durante la Transición, España se compone de diversas Comunidades Autónomas. Este modelo vino dado para intentar paliar tales desigualdades con medidas como el Fondo de Compensación Interterritorial. Apenas treinta y cinco años más tarde, el discurso político de aquellos partidos de ideología independentista se basa en la premisa de que Cataluña recibe menos dinero del que entrega, por lo que está "manteniendo" a otras regiones como Andalucía o Extremadura.

Si la repartición impositiva hubiera sido equitativa desde principios del s XIX, hoy en día Cataluña sería una región con la misma relevancia de la que disfrutaba en los siglos precedentes a éste: ninguna, quizás con distinta lengua y costumbres, pero con un ínfimo peso económico, una industria textil hundida debido a la competencia anglosajona y sin base para el desarrollo. Dos siglos de privilegios económicos de diversa índole por parte del Gobierno central, que no han sido compensados ni lo más mínimo en estos treinta y cinco años.

Pero temas históricos aparte, podríamos analizar la gestión de la Generalidad de Cataluña, en la que encontramos diversas paradojas:
  • Se agravan los recortes en sanidad, pero aumentan los fondos destinados a extender la lengua catalana, con lo que conseguirán que todos los médicos hablen catalán, pero no dispondrán de medios para curar a sus pacientes.
  • Existe un alarmante número de niños desnutridos sin recursos que no pueden pagar el menú del colegio, pero la televisión pública garantiza la retransmisión de la Champions League y el Mundial de Fórmula 1, de costes desorbitados.
  • Si a un menor cobro de impuestos se le añade una pésima gestión, se da lugar a un posible futuro Estado en ruina.

Como dato anecdótico, en otros ámbitos como el fútbol, Real Madrid y FC Barcelona son los equipos dominantes de la Liga BBVA, no es de extrañar sabiendo que desde el inicio de ésta, entre los dos se han repartido casi la totalidad de todos los derechos de cobro existentes en ella, en caso de un posible reparto equitativo de éstos para propiciar el desarrollo de otros equipos, ¿tratarían ambos de crear una liga aparte porque no estén dispuestos a devolver el dinero que se han llevado durante un cien años del resto de equipos españoles? Nada más lejos de la realidad, visto lo visto.

Señor Junqueras, el partido el cual usted preside tiene como nombre Esquerra Republicana de Catalunya, (Izquierda Republicana de Cataluña, para los hispanohablantes). A mi entender, la izquierda se fundamenta en un reparto equitativo de la renta y una garantía de los derechos sociales, quizás será que no entiendo de política moderna, pero no me parece un argumento muy izquierdista aquel que enuncia que Cataluña recibe de España menos dinero del que pone a su disposición, así como apoyar a un gobierno que ve prioritario garantizar los partidos de Champions League del FC Barcelona antes de dar de comer a su futuro, los niños.

¿Es ésta la izquierda moderna?, ¿una izquierda ficticia aglutinadora de aquellos que han olvidado los preceptos de ésta y siguen como borregos únicamente por su concordancia en temas sociales? Esta izquierda moderna me recuerda a un refrán que solían repetirme mis mayores: todo el mundo quiere lo mejor, hasta que sabe lo que cuesta. Todos los izquierdistas sueñan con el reparto equitativo de la renta y con la satisfacción de las necesidades sociales, pero no están dispuestos a reducir su comodidad para ello.

Nociones políticas aparte, para concluir, quisiera reformular el discurso político de los partidos independentistas por "La Cataluña protegida y subvencionada se ha desarrollado gracias a la España trabajadora", y no están dispuestos a agradecerlo a ningún precio.