Citas

...Y como no sabían que era imposible, lo hicieron.


Un maestro afecta a la eternidad; nunca se sabe dónde termina su influencia.

Henry ADAMS


Libertad en literatura,
como en las artes,
como en la industria,
como en el comercio,
como en la conciencia.
He aquí la divisa
de la época.

M.J. DE LARRA


Era más de media noche,
antiguas historias cuentan,
cuando en sueño y en silencio
lóbrego envuelta la tierra,
los vivos muertos parecen,
los muertos la tumba dejan.

J. DE ESPRONCEDA


Pero otras veces, las más,
era el recuerdo de sus sueños
de niño, precoz para ambicionar,
el que le asaltaba, y entonces veía
en aquella ciudad que se humillaba
a sus plantas en derredor el colmo
de sus deseos más locos.

L. ALAS, Clarín


En vano busqué a la princesa
que estaba triste de esperar.
La vida es dura. Amarga y pesa.
¡Ya no hay princesa que cantar!

R. DARÍO


No le toques ya más,
que así es la rosa.

J.R. JIMÉNEZ


Y, más que un hombre al uso que sabe de su doctrina, soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.

A. MACHADO


Telarañas cuelgan de la razónen un paisaje de ceniza absorta;
ha pasado el huracán de amor,
ya ningún pájaro queda.

L. CERNUDA


Con mi poesía y con mi teatro, las dos armas que más me corresponden y que más uso, trato de aclarar la cabeza y el corazón de mi pueblo, sacarlos con bien de los días revueltos, turbios, desordenados, a la luz más serena y humana.

M. HERNÁNDEZ


Más allá del mar, y de las montañas,
más allá de las horas de ilusión
y de encendimiento,
más allá del sueño, y del pensamiento.

L.F. VIVANCO


Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren y canto respirando.

G. CELAYA


Niégame el pan, el aire,
la luz, la primavera,
pero tu risa nunca
porque me moriría.

P. NERUDA


La imaginación está hecha de convenciones de la memoria.

J.L. BORGES


Quien considere que para la verdad no hay más que una senda y para el error infinitas, no extrañará que, caminando los hombres con tan poca luz, se descaminen más.

B.J. FEIJOO


No hay vida de hombre ninguno de cuantos andan por el mundo de quien no se pueda escribir una gran historia

V. ESPINEL


Del vulgo vil solicité la risa
siempre ocupado en fábulas de amores.

L. DE VEGA


El día de mañana, y de mañana, y de mañana, se desliza, paso a paso, día a día, hasta la sílaba final con que el tiempo se escribe.

W. SHAKESPEARE


Por esto querría que la fortuna me ofreciese presto alguna ocasión donde me hiciese emperador, por mostrar mi pecho haciendo bien a mis amigos, especialmente a este pobre de Sancho Panza, mi escudero, que es el mejor hombre del mundo.

M. DE CERVANTES


Me acuerdo de haber oído decir a un amo que tuve de bonísimo ingenio que al famoso griego llamado Ulises le dieron renombre de prudente por sólo haber andado muchas tierras y comunicado con diversas gentes y varias naciones.

M. DE CERVANTES


¡Oh natura, cuán pocas
obras cojas en el mundo son
hechas por tu mano!

G. DE LA VEGA


Ella tenía seys oficios, conviene
saber: labrandera, perfumera,
maestra de fazer afeytes e de fazervirgos, alcahueta e un poquito hechicera.

F. DE ROJAS


Las mañas y ligereza
y la fuerza corporal
de juventud,
todo se torna graveza
cuando llega el arrabal
de senectud.

J. MANRIQUE


Cid que fuisteis bien nacido vuestro esfuerzo ¿dónde está?Pensemos en adelante; no perdamos tiempo ya.
Estos duelos algún día en gozo se tornarán.

MÍO CID


Yendo y viniendo
voyme enamorando:
una vez riendo,
otra vez llorando.

POPULAR


Los mitos viven en el país de la memoria.

M. DETIENNE


Tú vives siempre en tus actos.
Con la punta de tus dedos
pulsas el mundo, le arrancas
auroras, triunfos, colores,
alegrías: es tu música.
La vida es lo que tú tocas. De tus ojos, sólo de ellos,
sale la luz que te guía
los pasos. Andas
por lo que ves. Nada más. Y si una duda te hace
señas a diez mil kilómetros,
lo dejas todo, te arrojas
sobre proas, sobre alas,
estás ya allí; con los besos,
con los dientes la desgarras:
ya no es duda.
Tú nunca puedes dudar. Porque has vuelto los misterios
del revés. Y tus enigmas,
lo que nunca entenderás,
son esas cosas tan claras:
la arena donde te tiendes,
la marcha de tu reloj
y el tierno cuerpo rosado
que te encuentras en tu espejo
cada día al despertar,
y es el tuyo. Los prodigios
que están descifrados ya. Y nunca te equivocaste,
más que una vez, una noche
que te encaprichó una sombra
-la única que te ha gustado-.
Una sombra parecía.
Y la quisiste abrazar.
Y era yo.

P. SALINAS


La niña movió el aire con los
labios.
Detrás de los cristales nadie
supo
lo que dijo. Era triste
mirar a aquella gente
intentando aclarar una sonrisa.
Y sin embargo estaba todo
claro:
la niña
había sonreído simplemente.

A. GONZÁLEZ


Si no te conozco, no he vivido; si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.

L. CERNUDA


Es propio de hombres de cabezas medianas embestir contra todo aquello que no les cabe en la cabeza.

A. MACHADO


Aunque soy hombre de letras, no debéis suponer que no he intentado ganarme la vida honradamente.

SHAW


Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres.

PITÁGORAS


Todos los hombres que no tienen nada importante que decir hablan a gritos.

PONCELA


¿Misterios? El único misterio es la realidad misma.

G. TORRENTE BALLESTER


Lo malo no es que los sevillanos piensen que tienen la ciudad más bonita del mundo... Lo peor es que puede que hasta tengan razón.

A. GALA


A los sevillanos nos acusan de ombliguismo, pero es que Sevilla tiene un ombligo digno de ver.

A. BURGOS


Cádiz, salada claridad; Granada
agua oculta que llora.
Romana y mora, Córdoba callada.
Málaga cantaora.
Almería dorada.
Plateado Jaén. Huelva la orilla
de las tres carabelas.
...Y Sevilla.

M. MACHADO


Mi amor flota con nenúfares en un estanque de libélulas azules. El tuyo es un trío de golondrinas en un bosque de papel. Centellas negras atravesando nubes. Mi amor será agua del vapor de un barco, carboncillo en tuyo. Pulido anaquel para colgar platos. Para colgar platos con lindos dibujos de árboles floridos. Para nuevas noches cálidas de olvidos. El amor es de luz que pasa por ojos de puente romano. Luz cambiante que acarició sus sillares con las manos que los tallaron. Nuestro amor es busto de arcilla de bella liberta con pendientes. Es de hojas de té de aromas húmedos de los orientes. Mi amor flota con nenúfares en un estanque de libélulas azules. Castillo es, tejado de golondrinas en un bosque de papel. Abandonadas ruinas bajo las nubes. El arpa da notas, trémula de rosas, y un tu breve boca refila la flauta, viruta de brozas. De broza de rizos, limaduras de ángel. De tu aliento dulce mazapán en bucles y anisillo en gotas. Quemaré desde hoy mis rastrojos a diosas terrenales y en noches sin luna, candiles votivos de buenos augurios a los nuevos amores. No será más, mi amor, mano firme de anillo de mimbre ajustado. Ya por siempre será de fierro argentino. Su vaina de cuero gastado.

M. GARCÍA


Encanto de tus otoños infantiles, seducción de una época del año que es la tuya, porque en ella has nacido. La atmósfera del verano, densa hasta entonces, se aligeraba y adquiría una acuidad a través de la cual los sonidos eran casi dolorosos, punzando la carne como la espina de una flor. Caían las primeras lluvias a mediados de septiembre, anunciándolas el trueno y el súbito nublarse del cielo, con un chocar acerado de aguas libres contra prisiones de cristal. La voz de la madre decía: “Que descorran la vela”, y tras aquel quejido agudo (semejante al de las golondrinas cuando revolaban por el cielo azul sobre el patio), que levantaba el toldo al plegarse en los alambres de donde colgaba, la lluvia entraba dentro de la casa, moviendo ligera sus pies de plata con rumor rítmico sobre las losas de mármol. De las hojas mojadas, de la tierra húmeda, brotaba entonces un aroma delicioso, y el agua de la lluvia recogida en el hueco de tu mano tenía el sabor de aquel aroma, siendo tal la sustancia de donde aquél emanaba, oscuro y penetrante, como el de un pétalo ajado de magnolia. Te parecía volver a una dulce costumbre desde lo extraño y distante. Y por la noche, ya en la cama, encogías tu cuerpo, sintiéndolo joven, ligero y puro en torno de tu alma, fundido con ella, hecho alma también él mismo.

L. CERNUDA