Carta a mis hijos



Todos tenemos nuestras inquietudes, pero cuando la vida te da la gracia de ser padre, creo que éstas aumentan y llegan a convertirse en auténticas “ladronas” del sueño. En mi caso, doy gracias a Dios por disfrutar de dos varones de 5 y 9 años, de los cuales estoy tremendamente orgulloso y, a la vez, temeroso.
El peso que recae sobre los hombros de un padre es infinito… es una responsabilidad mayor de la que somos capaces de gestionar, porque hay que educarlos en libertad y en valores (dos palabras prostituidas y enfangadas por el actual “pensamiento único”).
Estés en la orilla en la que estés, cuando tienes una edad madura, te desesperas con ciertos acontecimientos, te extrañan algunas circunstancias y todo te parece, en ocasiones, inexplicable. Ante esa desesperación yo recurrí a mi padre… ¿sabéis lo que me contestó? “No puedes cambiar el mundo, pero sí puedes dejar tus semillas en él. Educa a tus hijos en los valores en los que creas firmemente y habrás dejado tu semilla para el futuro. Sobre el resto de personas, no puedes influir”. ¿Entendéis pues, la responsabilidad que recae sobre los padres?
Me siento profundamente preocupado -y avergonzado- porque hemos permitido que toda una generación de personas sin formación y sin valores hayan capitalizado “lo correcto”. Da igual lo que hoy en día digan las personas que han sacrificado su vida por los demás, un presentador de programas de “chumineo” en televisión puede influir más en nuestros jóvenes -a golpe de exclusivas y billetes- que alguien que ha luchado décadas por la vida de sus semejantes. Y así nos va.
Aún peor. No hace mucho, tan solo semanas, asistí a una conferencia en la que un reclutador de profesionales habló de etnias, sexos, opiniones políticas y costumbres de fines de semana… cosas que declaró abiertamente tenían en cuenta a la hora de seleccionar a personas para “personas” -marionetas para negreros, diría yo-, ¡qué triste persona decidiendo sobre el futuro de las empresas y su capital humano! ¡Qué lastre para los profesionales! ¡Cuántos fenómenos de la profesión podría perderse en su tremenda ignorancia acrecentada en una sociedad estúpida!
Ante eso, creo que es obligatorio que dejemos una herencia de valores para que personas así no puedan dirigir el destino de futuras generaciones, y por ello yo quiero esta herencia para mis hijos:
  • Que consista en el respeto.
  • Que consista en la generosidad.
  • Que consista en la libertad.
  • Basada en el liberalismo y en el humanismo.
¡Pero si no pido nada, solo que sean personas! Personas en las que puedas confiar, mirar de frente y las personas que les rodeen siempre tengan la seguridad de su honradez y honestidad.
¿Lo demás? Bueno, eso para los que hablan de “hombres, mujeres y viceversa”.
Como profesional -y creo que algo sé- en áreas relacionadas con el marketing y la comunicación social, de verdad, me siento avergonzado de lo que algunas empresas pretenden. Un joven que no es joven, no vale. No se puede ser joven sin la inquietud de participar en la sociedad, ya sea desde una ONG, desde un partido político o desde un movimiento social.
Y, por supuesto, les formamos en que “marca personal” es sinónimo de “lamida de culo”. Para quien intenta dirigirlos, porque os seguro, y todos lo sabéis, que tenemos nuestra ideología y nuestras opiniones. ¡Qué injusto para ellos! ¡Dejemos que sean libres!
¿A dónde vamos a llegar sin jóvenes con criterio y sin la valentía suficiente para intentar, al menos, jubilarnos a nosotros y mejorar la sociedad? ¿Por qué nos da miedo que tengan inquietud política e incluso ayuden a cambiar la sociedad dentro de estas organizaciones?
Solo puedo decirles a mis hijos, y es el legado que deseo dejarles:
  • Mi trabajo consiste, tan solo, en inculcaros valores, pero las decisiones son vuestras. Ni vuestro equipo de fútbol es el mío, ni lo que yo vote es vuestro voto, ni lo que yo piense es vuestro pensamiento.
  • Seguro que vuestro padre se equivoca, pero tan solo escuchadme. Más sabe el diablo por viejo que por diablo (perdón, por haber tropezado muchas veces, aunque no podré evitar vuestras propias caídas).
  • No os vendáis, la prostitución es más amplia de lo que os cuentan, y afecta a todos los aspectos de la vida, sobre todo afecta al trabajo y a la política.
  • Sed consecuentes y no esperéis recompensa: todos los errores se pagan, y no todos los aciertos tienen premio. Por si no me habéis entendido, hijos, tendréis que hacer cosas difíciles por las que no obtendréis recompensa, eso os hará moralmente fuertes.
  • Repito e insisto: no esperéis recompensas a corto plazo, lo fácil dejadlo para los que no tienen valores. Solo los grandes hombres han entendido esto y conseguido grandes cambios.
  • Los premios son para los que compiten por una meta: la carrera es para quien supera todas las etapas… y son más de las que os podéis imaginar.
  • Nunca abandones a un amigo, pero conoce bien qué es un amigo, que nada tiene que ver con las barras, las juergas y los buenos momentos (hijos, cuántos sufrimientos os vais a llevar con este consejo, pero cuánto os van a enriquecer todas las personas que van a pasar por vuestra vida).
  • Valora y respeta a tus abuelos (un segundo de su vida te dará más que miles de horas con “figuritas” de la “marca personal”).
  • Estudia, estudia duro, trabaja más duro. Así jamás sabrá tu corazón lo que es la envidia, porque ese mal es patrimonio de los vagos.
  • Celebra tus alegrías y llora tus penas: eres humano. El día que dejes de serlo, habrás perdido tu principal patrimonio, y dejarás de saber cómo levantarte cuando te caigas (¡y van a ser tantas!).
  • Honra a tu familia, lo contrario te hará infeliz porque harás infeliz a los demás.
  • Sé agradecido con las personas que van a ayudarte en la vida, empezando por tus padres y tus educadores.
Y así, hijo, hijos míos, siempre podréis mirar a los ojos a las personas. Y lo más importante, podréis mirarlos a vosotros mismos, a vuestra pareja, y a vuestros hijos, si tenéis la suerte de tenerlos.
Me quedan algunos años en los que, creo, me haréis algo de caso. Si solo consigo que leáis esto y lo interioricéis, me sentiré satisfecho: el resto, es trabajo vuestro, y os lo tenéis que ganar.

Vuestro padre.

Tú decides


La libertad significa responsabilidad, es por ello que la mayoría de las personas la teme.
George Bernard Shaw
Tú decides como debemos vivir, educar y sobrevivir.
Decides cómo educar a nuestros hijos, al detalle y casi al milímetro. Decides que este será su colegio para toda la vida aunque no estemos conforme con sus métodos, profesorado o nuestros hijos sea unos completos infelices entre sus compañeros. Tú decides el futuro de nuestros hijos.
Decides cómo motivarlos a estudiar a buscar un futuro que les complete, llene y les haga crearse un futuro porque te sacas de la manga que no necesitan esforzarse, que les darán una vivienda porque tienen derecho a ella, que les darán una renta mínima para que nada les falte en sus despensas, porque tú decides que si no trabajan no deben preocuparse, la luz y todos los servicios mínimos se los pagarás con aquel dinero que no es tuyo, aquel que le sustrae a quienes se esfuerzan cada día por vivir mejor, por crear un mundo mejor con sus servicios y productos.
Sí, a aquellos mismos que se esfuerzan y que tú decidirás cuánto tienen que trabajar para aquellos que no lo hacen, decidirás cuántas de sus horas de trabajo, cuantas horas les robarás de convivir con sus hijos y descansar para dedicar a pagar a aquellos que también deciden y que a nada aspiran en la vida.
Decides cuando enferme qué médico nos tratará, sea bueno, malo, simpático, antipático, empático, buena o mala persona… Da igual, el profesional que tú decides que nos atienda supones que será eficaz y bueno porque tú lo decides así. No porque yo lo escoja.
Decidirás si nuestros padres que trabajaron y ahorraron toda la vida para dejarnos aunque sea un ‘pisito’ podrán ver sus deseos cumplidos, todo dependerá de cuánto tendré que pagar por recomprar al estado una vivienda o un bien que al parecer nunca les perteneció. O pagas el peaje, o ellos se adueñarán de todo.
Decidirás cuantos años tenemos que trabajar para poder descansar. Dejamos cantidades cada mes para garantizar que nada nos faltará cuando llegue el momento. Nos prometes que cuando alcancemos x años podremos hacerlo, si alcanzamos esa edad, si no morimos de repente después de la jubilación, si no sufrimos un accidente que nos impida trabajar antes de cumplir los años trabajados y quedarnos en la miseria. Porque tú decides qué hacer con lo que es fruto de nuestro trabajo, lo gestionan según tus reglas, pero no nos preguntas si las queremos, si las necesitamos.
Decides cuánto de lo que ganamos cada año es para los demás, que aunque no tengamos suficiente para cubrir los gastos y el sustento de nuestras familias. Estamos obligados a pagar un peaje por el derecho a trabajar, ese peaje que no paga aquel que no trabaja… ¿Porqué tendremos que esforzarnos?
Tú decides el tipo de sociedad que tenemos, lo que está permitido decir y lo que no, lo que es igualdad y que palabras tendremos que eliminar del vocabulario.
Decidirás quién está cometiendo un crimen, que ya no depende del hecho sino de la ideología que lo justifica y rinde honores. Decidirás quien tiene derecho a la vida y quien no, simplemente porque te incomoda, porque claro, nuestro cuerpo es nuestro, pese a que lleves dentro uno que no te pertenece.
Y todo esto, si no tenemos ingresos suficientes, porque si los conseguimos, podremos pagar el colegio que queremos para nuestros hijos, el médico que deseemos para que se encargue de nuestra salud, o un plan de pensiones el que poder elegir como disponer de nuestros ahorros.
Si quién puede permitírselo prefiere pagar, aunque disponga de ello sin hacerlo, no consigo comprender porqué no todos deciden tener las mismas oportunidades de elección. ¿Qué es lo que cuesta tanto de entender?
Pregunto a todos los que deciden si no prefieren ser libres de elegir y que los demás dejen de decidir por el resto.
Tú decides todo, y ahora vota por mi, por nosotros, decide por mí para que otros decidan sobre todos cuatro años más.

De toros



Lo que a mí me choca es la argumentación empática con el toro para atacar la tauromaquia cuando la realidad del defensor del animal demuestra que su argumentación va contra todo lo que huele a fiesta nacional de España. Y esto queda sobradamente demostrado cuando se trata de defender a otros animales y prohibir otras animaladas y costumbres que nada tienen que ver con nuestra tradición y se producen también en nuestro suelo. Animales estos que ni conocen ni conocerán la vida en libertad, animales a los que no se les otorga ningún "derecho": y ya que los humanizamos discriminadamente, y usando ese lenguaje sensiblero, esclavizados desde la hora en que nacen para ser esclavos. Por diversión, por arte, por alimentación, por capricho, por crueldad, por seguridad...matamos millones de animales cada día. Comer mismo puede ser un acto lúdico, necesario, suficiente, grosero, austero, artístico y también caprichoso. ¿Qué diremos entonces de matar para comer? Para abortar seres humanos se aduce -entre algunas cosas peores y sumamente posesivas y egoístas- planificación familiar y se esgrime falta de recursos, y con ello se demuestra que lo más superfluo, lo que nos sobra, es la vida. No puede gustarnos el hecho de matar animales, pero uno no puede exigir que la humanidad entera adopte su criterio mientras su criterio esconda la más mínima contradicción. No entiendo lo del toro de Tordesillas como tauromaquia. Me parece de una crueldad innecesaria. Dentro de una hora estaré escribiendo otra cosa mientras almuerzo un bocadillo de jamón serrano y tomo una cerveza. ¿Qué es necesario? Ni siquiera me gusta la tauromaquia. Me produce sentimientos encontrados: ¿dónde encontrados? ¿En qué punto conflictivo se enfrentan los sentimientos encontrados? Precisamente en el objetivo de los antitaurinos. Solo encuentro que en este tema de la tauromaquia no tengo una postura de fondo que mantener, pero sí una opinión sobre los argumentos.

Seremos otoño otra vez



En mi defensa diré que me dejé llevar por el viento.

Aquel día se desnudó de madrugada y el mundo apagó la luz.

Ambos sabíamos que crecía otoño en nuestras hojas, que el amor es un plato breve y exquisito, un instante de piel enredada.

Puedo decir, en mi defensa, que la silla alojaba mi espera y tu tacto imprevisto. Habías besado de aire mi boca sin existirnos, un presagio de sombras cruzadas en los días callados.

Nos existimos en el viento inaudito, entre las paredes del mundo apagado. Nos hicimos primavera en versos escritos de piel.

El mundo encendió la luz. La silla guardó silencio.

Seremos otoño otra vez.

[Del poemario Más allá del paralelo]

Heterosexuales, homosexuales y demás letras


Por Micifú

Entiendo por qué las personas etiquetamos a los demás. Ello nos permite encajar cada individuo en una categoría concreta de las predefinidas en nuestras cabezas y, por tanto, saber cómo actuar y qué esperar de cada persona. De esta manera, todos llevamos nuestros tags: "el graciosillo", "el friqui", "la rubia", "el gay".

El problema viene cuando te asignan una etiqueta que lleva asociado un estereotipo que no encaja contigo. ¿Y ahora qué hacemos? Llevo mi etiqueta y me juzgan por ella, pero es que yo no soy así. Se espera de mi que haga, diga y piense determinadas cosas que se supone hacemos los que llevamos La Etiqueta. Por favor. La raza humana inventó el lenguaje, la rueda, descubrió la electricidad y la penicilina, y metió la comunicación instantánea en las vidas de todos. También podemos dejar de prejuzgar y etiquetar.

He sido heterosexual y he sido homosexual. Me gustan hombres y mujeres y ha sido en diferentes grados según la época de mi vida. No soy promiscua, no llevo plumas, no vivo para la peluquería, no suelo llevar faldas, no tengo el pelo corto, no le hago daño a nadie, no llevo tatuajes, no me identifico con el colectivo LGTBI (que, cada vez tiene más letras), no estoy "orgullosa" de mi condición sexual, no hago de mi vida una reivindicación, ni lucho por nada. Me comporto con mi orientación sexual igual que me comporto con el agua potable: la tengo y ya está. No es ni más ni menos importante que el que soy morena.

Tengo amigos de todos los tipos y aquellos que prefieren acostarse con personas de su mismo sexo a veces me han llamado "desagradecida" porque, si vivo en una sociedad que tolera "personas como yo", es gracias a todos los que hubo que antes de mi, lucharon porque así fuera, y ahora yo no continúo con "la lucha". Es más, debería dar gracias todos los días por ello y lucir aquello que soy simplemente por alguien consiguió que no me lapidaran por ello. Y estoy agradecida. Me considero afortunada de vivir en España. Uno de los países más tolerantes del mundo. Pero al igual que voto, que tengo título universitario, que soy independiente económicamente, que tengo coche, que sé hablar, que existe teléfono, que tengo seguridad social, que tomo antibióticos, que uso gafas y otro sinfín de cosas, no hago una bandera de cada una de ellas.

Por ello, me molesta profundamente la apropiación y el ruido que últimamente generan ciertos partidos políticos y colectivos que se autoproclaman representantes de personas "como yo", pobres criaturas tristes y discriminadas, que no tienen a nadie más que les defienda. Queridos, si queremos que las personas "como yo" sean normales, hagámoslo y ya está. Si ponemos El Día Internacional del LGTBI (alguna vez se me olvida una letra y me crucifican, ya verás), si discriminamos a los que no son "como yo" dándonos privilegios que otros no tienen, si castigamos a docentes o padres por intentar guiar a sus hijos, si difundimos cansinamente imágenes de personas extravagantes o permitimos hacer animaladas sólo por ser LGTBI (5 letras, OK) lo único que vamos a conseguir es más odio. Este tipo de acciones son tan sectarias como las contrarias. Y muchos de nosotros no somos parte de la secta, ni queremos serlo, ni queremos que se nos use como parte de una propaganda que persigue otros intereses.

No soy un argumento político.No soy un colectivo. No soy una etiqueta. No encajo en ningún estereotipo. Soy una persona. Con sus características, sus originalidades, sus peculiaridades, sus virtudes y sus defectos. Exactamente igual que las demás. Que todas las demás.

Los de algún día


Y algún día, abuela.
Os voy a decir la verdad: No sé cómo empezar esto. Solo sé que, sin empezar, ya tengo una conclusión: los abuelos también sueñan. ¡Vaya evidencia!- diréis algunos, y claro que sí. Por ser tan evidente pasamos de largo por los sueños de los abuelos. Y eso debería estar tipificado.

Los abuelos, que se han ganado el derecho a la tranquilidad a base de madrugar, de trabajar, de aportar, soñaban con que algún día invertirían su pensión en mal criar a los nietos, en llenarlos de caprichos los dos meses de verano que pasarían con ellos en el pueblo, y el resto del año les mandarían un paquete gigante al mes. Con mucho chocolate, embutidos, juguetes y libros. Porque los abuelos se enorgullecen cuando ven a los nietos con un libro. Y es que al ser humano nos fascina aquello que nunca tuvimos, aquello que nunca pudimos hacer, que nunca nos enseñaron a hacer.
Algún día irían dos semanas al año a Benidorm, con más jubilados, y volverían a tener veinte años. A la vez que verían a personas muy rubias hablando “muy raro” porque, claro, “tepajati” o “belai” son las expresiones más normales del mundo.
Y verían el mar y pisarían arena fina, jubilados y por primera vez en la vida.
Con su pensión, con sus hijos trabajando y sus nietos creciendo tan guapos, tan sanos, tan fuertes y con libros en la mano. Porque sus nietos son los mejores nietos del mundo. Y a ver quién le discute eso a unos abuelos.

Y llegó vuestro algún día, abuelos, pero ¿qué ha pasado con el destino de vuestra pensión? No hay rubios que hablen raro, ni paquetes cada mes, ni quedan restos para algún capricho. Ni nietos con libros, porque el pan es mucho más importante que la letra. Porque si hay que pagar la luz de tu hermana, no hay un balón para tu hijo. Porque no se pueden dar patadas sin luz. Eso es de primero de fútbol.
Y ahora, ¿qué soñáis?

Y ahora, abuela, cada vez que te digo que todo es una mierda, me consuelas con aquello de que algún día. Y yo, si tú me lo dices, me lo creo. Porque no soy la mejor nieta del mundo, ni la más lista, ni la más guapa, ni la más sana, pero soy tu nieta, y punto. Y mientras, tú me hablas de que rezas cada día para mi algún día. Y eso tampoco te lo voy a discutir a ti. Y algún día, abuela. Y algún día, abuelo. Y ¿qué soñáis ahora?

Una vez un amigo me dijo que estaba orgulloso de su formación académica, pero no por él, sino por sus padres. Para mi buen amigo es un orgullo tener estudios porque sus padres se han esforzado toda la vida para él y sus hermanos tuvieran eso. Ese era el objetivo de sus padres. Objetivo conseguido.
Me lo dijo, y yo me quedé pensando, y llegué a una conclusión muy sencilla: “hostias, es verdad”. Y luego luego ya se añade la vena pasional que cada uno tenga.
El sueño de todo los padres era que sus hijos fueran a la Universidad para “ser alguien en la vida”. Estoy totalmente en desacuerdo con que por el mero hecho de ir a la universidad ya “eres alguien en la vida”. Conozco mucha gente que no ha pisado un campus en su vida y es mucho más que los que hemos pateado más de uno.
Pero estoy muy a favor del sueño de los padres. ¡Y qué bonito sueño! ¡Y qué padres más maravillosos! Porque, independientemente de lo que nos vendan ahora, la formación es el camino, es la oportunidad y es el futuro. Y eso es así.

Y esa cartilla bancaria no se toca porque es para cuando el niño empiece a estudiar. Y este dinero va a la hucha para cuando el niño empiece a estudiar. Y esto no es para vacaciones porque algún día el niño empezará a estudiar. Y vamos a ir recortando en caprichos que el niño va a empezar a estudiar ya mismo.

Y ya no hay cartilla bancaria para los estudios del niño. Pero estáis vosotros para cada vez que nos rechazan un currículum, para cada “ya te llamaremos”, para cada vez que no “encajamos” en un perfil, para abrazarnos cada vez que nos volvemos locos y lloramos y gritamos y desbordamos rabia, para cada vez que se nos va la lucidez. Para cada vez que nos cansamos de esperar nuestro algún día. Para quitarnos piedras del camino. Para espantar a nuestros fantasmas.

Gracias, padres y madres, por darnos lo más bonito del mundo. Por dejar de tener para que tuviéramos nosotros. Porque algún día todo merecería la pena. Por no creeros nunca aquello de que ahora cualquiera quería estudiar.
Gracias por prepararnos para la vida, aunque la vida ahora sea otra cosa, pero, quién sabe, quizás algún día.

Luego venimos nosotros. Los hijos que estudiamos para que algún día.
Y fuimos a la universidad o a la formación profesional. Y estudiamos idiomas para que algún día.
Y ya no respondemos a la pregunta de ¿qué quieres ser de mayor? No, ya somos lo que queríamos ser de mayores.
Y ser mayores no es el algún día que nos habían pintado. No es el algún día porque algunos no han querido que sea el algún día tan luchado. Y no, no es el algún día para nosotros, pero sí para otros.
Algunos seremos los eternos del algún día. Algún día, hijo. Algún día, hija. Algún día.
Y si hay algo que tiene mucha relación con ser mayor es el trabajo. Y es que te rechacen, y que no encajes, y que sí pero no, y que es que te falta saber inglés.

Aceptamos lo del inglés, venga. Nos fuimos a Reino Unido.
Algunos nos fuimos porque queríamos aprender el idioma, pero es que a otros no les quedó más remedio que irse. Y cierro nuestra casa y dejo el coche en el garaje y adiós al café de cada tarde en el bar del barrio. Adiós.
Sea por lo que sea, pero nadie se va por capricho. NADIE.
¡Y qué felicidad cuando mi abuela me mandaba el lomo! pero yo quería comerme el lomo en la camilla con mi abuela y su brasero de picón. ¡y qué lujo! las cervezas que me mandaba mi hermano, porque sabe al cerveza que me gusta, pero yo quería cervecear con mi hermano. ¡Y qué bien, que cada vez mi niña de colores pintaba mejor! pero yo quería verla aprender a pintar.

Eso yo, que volví. Y sabía que iba a volver.
Imaginemos los que se quedan, porque “no queda más remedio que quedarse”. Y el bar del barrio cada vez más vacío y las agendas de amigos cada vez con más kilómetros de distancia entre sus páginas.
Y los padres aquí. Toda la vida para que algún día.

Y volvimos con el inglés para seguir siendo los eternos del algún día. Un algún día que han ido sembrando generación tras generación, pero que nunca llega. Un algún día abstracto, imaginario. Un algún día que nunca será un día.

Y luego están los que sí tenían ya su algún día pero, de repente, alguien llegó y escupió sobre su algún día. Y adiós. Y ahora no encajan por edad, por falta de formación, por sobre formación, por tener mucha experiencia. Alguien les robó su algún día, y no hay intenciones de que nadie se los devuelva. Y los padres de los que ya tenían su algún día, y los abuelos.

Y están también los que querían tener su algún día, pero alguien decidió que no podían tenerlo. Que la cartilla de los estudios del niño era muy pequeña para lo que iba a costar la universidad. No. Ellos no podían tener, ojo, no podían tener derecho a tener su algún día. Aunque su algún día fuera ser el mejor oncólogo del mundo. No, no podéis tener ese gran día. La cartilla está muy flaca.

Y luego están los que han tenido su algún día fuera del país. Pero eso no es tener tu algún día. Porque en tu algún día tienes que abrazar a tus padres. Y han tenido su algún día fuera del país, porque alguien se empeñó en que no lo tuvieran aquí. Los que se formaron en España y no les queda más remedio que invertir sus conocimientos en otros países. Esos del espíritu aventurero, que decían algunas. ¡Cuánta ignorancia, por favor!

Yo, a veces, me canso de escuchar lo de el “algún día”. Me canso muy a menudo. Pero cuando me canso, pienso que algún día me dirás que te acompañe a la ermita que están allí las vecinas, cogerás dos rebanadas de pan tostado integral, yo te sujetaré el brazo, te diré que las comas en casa tranquilamente, y me dirás que no, y a ti no te discuto. Y ya por el camino te diré que llegó mi algún día.
Y llegarás a la ermita, y te sentarás en la piedra grande del olivo, y como estarás tan orgullosa, se lo contarás a las vecinas. Y estarás llorando. Y yo me quedaré mirándote. Y luego irás a la ermita y pondrás alguna vela a algún santo. Y eso tampoco te lo voy a discutir. Es más, te voy a llevar del brazo.
Y ese día quiero que tengas puesto el vestido granate porque nunca llegarás a imaginar la vida que le da a tus ojos azules. Y por la noche cenaremos tus croquetas, y que le den a las calorías.

Matiz: el algún día del que hablo no es un capricho que se me ha venido a la cabeza un día cualquiera con un copa de vino, no. El algún día del que hablo es un derecho que la mayoría nos hemos ganado a base de una cadena humana de esfuerzos. Una cadena maravillosa.

El latido de una ciudad: Sevilla en 30 segundos



Una ciudad necesita decenas, cientos o miles de años para crearse, para forjar una identidad, para tomar una entidad.

Mil veces he escuchado que las ciudades tienen vida propia. Y es verdad, pero en realidad quien aporta vida a las ciudades son sus habitantes, sus visitantes. Sus ajetreadas idas y venidas, sus paseos, sus acciones, sus relaciones. La ciudad debe configurarse para ser vivida, para quererla u odiarla, pero siempre para ser vivida. Una ciudad sin moradores, sin huéspedes, sin relaciones, deja de ser lo que es, un reservorio de vida, de ilusiones, de éxitos y de fracasos, por eso es tan importante el paisaje como el paisanaje. Una ciudad es como el corazón latente de un territorio sobre el que ejerce su influencia.

Un médico necesita sólo 15 segundos para tomar el pulso a un enfermo. Esos 15 segundos son suficientes para entrever el estado en el que se encuentra el corazón de su paciente.

Jaime Rodríguez, necesita en este caso sólo 30 segundos para tomar el pulso a su ciudad, para percibir el estado en el que se encuentra su corazón. Con su cámara, un trípode y una mochila cargada de ilusión y pasión por su Sevilla, analiza diferentes zonas emblemáticas de la ciudad, para posteriormente compartirlas con todo el orbe a través de Twitter en @SevillaEn30Seg, Facebook y su propio canal de YouTube.


Concentra en 30 segundos lo que es un día cualquiera de la vida de Sevilla. Filma a sus habitantes y sus visitantes, sus idas y venidas, sus paseos, sus acciones, sus relaciones, en ese enorme teatro en el que se representan incontables obras a la vez, donde los actores son espectadores y los espectadores son actores a la vez. Todo queda reflejado en 30 mágicos segundos, tratados con gran delicadeza y exquisitez.

A Jaime se le ocurrió un día hacer un vídeo en formato time lapse de un espacio concreto de la ciudad y tuvo la feliz idea de compartirlo en las redes sociales. A la vista del éxito cosechado, continuó haciendo vídeos en diferentes puntos. Sus grabaciones ya han sido vistas más de 35.000 veces y, una vez finalizada hace unos días la primera temporada de 15 capítulos, está preparando una segunda tanda de filmaciones en otros puntos emblemáticos, para volver a tomar el pulso a #SevillaEn30Segundos.

Reserva de una plegaria


Amor casi de un vuelo me ha encumbrado
adonde no llegó ni el pensamiento;
mas toda esta grandeza de contento
me turba, y entristece este cuidado…
Fray Luis de León
Entre el humo que rastrea la alergia
delicada, de mis ojos cuasi ortográficos,
con el sonido de fondo que lamenta la palabra true
(This is the sound of my love)
entre la fatiga absurda y los momentos pluscuamperfectos,
yace la idea del silencio de tus ojos mortificados.
Siguen los sonidos como grúas intrascendentes
(Thorn in my side, I was feeling complicated)
que destruyen la iglesia de nuestros verbos
y que nunca podré visitar. Siguen, impacientes, lamentando
la destrucción. Ya se hizo tarde
me detengo, me envuelvo en papel de fumar y te persigo
entre el humo y el sonido, viejo papel caducado
que me desliza a laberintos matemáticos, y no te localizo.
Me temo, no me controlo, dejo de observar y se encarecen
los ojos inertes de tu codo izquierdo. Se hace aún mas tarde.
Intento pronunciarte extensamente, esquivando las balas
del cigarro que se ata a mi boca, y te siento extraviado
de dolor. No más humo, no más sonidos. No te encuentro
aunque te extrañe en la burda búsqueda.
Adonde no llegó ni el pensamiento tampoco asciendo yo.
Me pliego a tu sufrimiento.

___
Del nuevo poemario “Manifiesto místico”
Kino Navarro
Sevilla, agosto 2016

Europa en llamas



Sospecho. (Que es más que afirmar). ¿Alguien piensa que Europa tiene aliados? ¿Alguien puede asegurarlo? Sospecho. Nos la están jugando desde hace tiempo. Mi impresión es que la ONU no dice ni pío: ni de DAESH ni del golpe en Turquía...Sólo abre la boca para afear a Europa el tratamiento de la crisis de refugiados, para presionarla. El polvorín multicultural estaba listo: faltaba apilar la leña y encender el fuego. Así DAESH. Artificial. Nos han mandado esta oleada de refugiados sin apenas un control previo de entrada, por la vía de urgencia. Contaban con el buenismo estúpido de nosotros los europeos. Entretanto, la coalición liderada por EEUU llevaba a cabo maniobras de distracción contra el Estado Islámico. Celebrábamos cada cabecilla caído como un regalo del tío Sam. Pero aquellas noticias siniestras que llegaban de Siria o Irak se nos presentaban en los medios con un tinte irreal. Horror mágico. A la hora del café el Califato llenaba los corazones de los que quieren ver a Europa de rodillas. ¿Y la prensa? Haciendo el caldo gordo. Todavía tengo presente el cabreo que llevo con Intereconomía: que no quede un malhechor sin ensalzar. Nuestros líderes pasaban de puntillas sobre el tema: y estaba el horror en nuestras puertas, entrando en nuestras casas, difundiéndose a través de las mezquitas. Para nuestros líderes de paja, no iba la cosa con nosotros.
Hasta que intervino Putin y desbarató el negocio del hijo de Erdogan. Ja, dijimos, un valiente con principios. Bombardeó Rusia columnas de camiones y parece que dejó clara la connivencia de Turquía. Después llegaron por miles y miles los refugiados: a Europa, no a Arabia Saudí. Qué extraño, ¿no? Y luego vinieron el autogolpe de Estado en Turquía , los atentados diarios y la nueva normalidad empeorada de Europa. Y nadie saca los pies del plato. Ni Rusia ni USA dicen nada...ONU calla. Sospecho. Y esta Europa de Babel y esta fuerza de papel está desorientada, fuera de juego, mientras los aliados -ninguno lo es de Europa- se preparan para hacer leña del árbol caído, leña del árbol que entre ellos y nosotros estamos derribando. El nuestro.
Otras piezas juegan, es claro. Y motivaciones globales e intereses y acuerdos sotto voce. Los imprevistos solo exigen ajustes tácticos dentro de la gran estrategia. En fin... Empieza la fiesta.

Nota.- En este contexto, ¿es realmente el Brexit un hecho inesperado? ¿Es una falla del plan? O de otro modo: ¿ha precipitado en catarata el curso de los acontecimientos? Sospecho. Porque creo que la verdad se acerca más la sospecha que la investigación a la verdad. Porque todo me suena a relato justificativo. Porque huele que apesta a versión oficial. Y por eso sospecho.

Entrevista a nuestro colaborador Kino Navarro en 'Actuall'


Son muchos los homosexuales que no se sienten representados por el lobby LGTBI pero apenas tienen voz. Son una “mayoría silenciosa” que se resisten a ser instrumentalizados una y otra vez de manera partidista por grupos que intentan imponer al resto de ciudadanos algo que ya se ha convertido en una ideología.
Uno de ellos es Kino Navarro. Tiene 46 años, vive en Sevilla y lleva más de veinte años dedicándose a las Relaciones Laborales. Poeta en sus ratos libres con 18 años ganó el Premio de Poesía Gustavo Adolfo Bécquer del Ayuntamiento de Sevilla...
Leer entrevista completa

Si yo


Bienvenida a la vida, Sofía.
Si yo fuese gaviota que atolondrada
y sumisa aterrizara
sobre las olas de tu cuerpo.
Si yo fuese.

Si yo intentara cubrir la lluvia
de tus ojos con un paraguas benevolente.
Si yo intentara.

Si yo hablara de métrica incesante
sin absorber una gota de alcohol.
Si yo hablara.

Si yo besara los cielos opacos
que nublan mis vocales.
Si yo besara.

Si yo intentara describir la suavidad
de tu cabello intocable.
Si yo intentara.

Si yo pidiese la lejanía de tus verbos
descifrando cada letra que me aprieta.
Si yo pidiese.

Si yo disfrutara de cada cena que cubre
tu indomable corazón.
Si yo disfrutara.

Si yo cantara cada sacrificio inevitable
de mi pereza infinita.
Si yo cantara.

Si yo me dividiese en una noche oscura
abrazando cada celda
de tu amor equivocado.
Si yo me dividiese.

Si yo me consumiese como el amado
que busca impaciente las ínsulas extrañas.
Si yo me consumiese.

Si tú me quisieras ¡Ay si tú me quisieras!
No estaría bobamente escribiendo
este poema.

De un surco de la tierra


Una persona debe aprender a distinguir y delimitar los ámbitos, el mental del físico, el personal del próximo, el próximo del público, el virtual del atmosférico...y saber dónde demonios (porque esto va en parte de demonios) se agota cada acto y cada actitud. Ser humano es navegar en medio de todo eso; educarse, vivir y convivir.

¿Qué puede uno pensar de ciertos comentarios sexuales de las personas públicas? ¿Y de las personas en público? Para empezar, hay que decir que una tenue línea separa los comentarios referentes al sexo y los considerados sexistas. El sexismo es un -ismo más de los que adornan hasta la náusea a esta castrante y auto flagelante sociedad. En realidad la clave está en los actos pero también en las formas: en nadar y saber guardar la ropa. En el navegar y en la pericia del navegante. Una persona se forma y se conforma frente a las situaciones. La cualidad moral de las personas juega un papel fundamental en sociedad. Pero es algo notorio y muy frecuente que muchas personas más o menos anónimas no saben guardar la ropa cuando asoman las narices más allá de su reducido público y que muchas personas públicas no saben nadar más acá, fuera de las cámaras. Sus palabras los desmienten cuando se ven en su ámbito privado o lejos de su extenso público. Son unos bocazas.

El ex-alcalde de Valladolid (León de la Riva), no pocas de sus Señorías a lo largo y ancho del país y ahora Pablo Iglesias son ejemplos recientes de bocazas. En las formas se les trasluce el fondo. No son los únicos ni los peores: a muchos no son sus palabras sino sus actos los que les ponen en evidencia. Palabras o actos, formas y fondo. Toda forma esconde un fondo: y aún así entre lo que se dice y lo que se hace existe una barrera en la que mueren las palabras y no empiezan los hechos. Muchas veces no se estrella contra esa barrera más que la soberbia, forma más fea de impotencia. Yo no considero que deba verse como un delito el machismo por más que la forma machista hable del fondo que la alienta. Si considerase delito el machismo tendría que considerar delito el feminismo. Y no digamos los fondos que los alientan. Por pura coherencia. En estos asuntos se produce un cortocircuito sectario en la mente de algunas personas; pero a mí me da igual y sigo mi camino sin pretender que todo el mundo al que llego me entienda. Es muy sano no desvivirse por sacar de su malentendido a quién exige vivir en él. Total, pienso, ahí te quedas. Ambas manifestaciones me provocan la misma desazón. Miro a la mujer zaherida por el machismo y me pongo de inmediato a su vera; miro al hombre atacado por el resentimiento feminista y me coloco a su lado. Miro a uno y a otra respondiéndose con idénticos parámetros de torpeza y lo último que quiero es mediar. ¡Que se medien ellos solitos! Pero lo que no pretendo es ir por el mundo pidiendo cárcel para la legión de idiotas. Son seres mendaces y poco inteligentes, no criminales. Y pensar que sus estupideces tienen reflejo el el poder legislativo... El tipo de declaraciones a que aludía al principio de este artículo tienen un contrapunto sorprendente al otro lado. No tengo que mostrar las lindezas que sueltan las feministas notables, están a tiro inmediato en google. Volviendo a las declaraciones del principio siempre me han parecido... no quiero decir mal o tan solo mal. Si solo fuera eso. Son totalmente insuficientes para encarcelar a alguien o para echarle a la sociedad encima, como si no hubiera otra cosa más inteligente que hacer que convertir esta sociedad en un club de puritanos. Me parecen sobre todo declaraciones estúpidas, gratuitas, porque me pregunto: ¿qué aportan? ¿Acaso no ponen de manifiesto una tara en la persona que las hace, una impericia que no puede corregirse o un fondo que no puede mejorar? ¡Esa persona es pura estupidez! Sin más. No tenemos por qué rasgarnos las vestiduras. Menos aún a la vista de la que está cayendo. Llueven mucho más que palabras. Actos de verdadera barbarie de los no queremos darnos por enterados mientras seguimos a nuestro rollo.

Hay un mecanismo que sí considero efectivo y necesario. Muy sano. Es la elección personal. No hay forma de generalizar la sociedad. Generalizarla, como uniformarla, debe hacerla inviable. Una vez más lo colectivo como acto se demuestra inadecuado. La espontaneidad de la sociedad entendida como de hombres libres no debería ser interpretada como el arbitrio unívoco que emite un solo ser. La sociedad no es una única voz. La única voz le corresponde al individuo. Uno discrimina de entre la cantidad de seres humanos que conoce o de los que tiene noticia por sus actos, por su habilidad de habitar entre nosotros o junto a nosotros. Tenemos una noción de la sinceridad y una noción del interés; nos son innatas y no tenemos que explicárnoslas más. Tenemos un concepto de la justicia. De unas personas te apartas y de otras no quieres saber más. Otras se convierten en personas amigas.

Todo el mundo tiene boca y tiene manos. De lo que se dice a lo que se hace puede ir un trecho largo. Las cosas hay que decirlas. Que el lenguaje sea un hecho cultural no le resta nada: al contrario, lo valoriza. Porque escapa de la corrección. Lo que escapa de la corrección política me tiene medio ganadas las simpatías. Bajo estrictos criterios políticos, por la acción coercitiva de estructuras de poder, vamos construyendo una prisión conceptual de formas y modales. Pero sobre todo de miedo a hablar. Siempre quiero romper el cerco. Me violenta. Es violento y se entromete en todas las áreas de la vida. Busca mi intimidación. Comprime y reduce el lenguaje hasta que resulta muy difícil ejercer la libertad de expresión sin avasallar y sin ser avasallado. Vasallo avasallado...Nos lo estamos haciendo nosotros.

Los vicios de la mente no serán nunca erradicados, sin ellos no seríamos. No podemos todos a una no ser. Ni la conjunción virtual de todos los todosomoísmos juntos podrá conseguir al hombre-rebaño lobotomizado. No serán nunca erradicados. Nacerán díscolos en cada generación. Lo que estamos haciendo es una quimera peligrosa. Tratamos de sepultarlos, tratamos de negarlos. Pero es en vano, es una estafa. Esto no puede hacerse. El motor de los deseos está justo ahí, donde hierven los vicios hondos y se transforman, en lo reptiliano de nuestras almas, en el abismo del que salimos mediante un acto de superación. Como semillas que brotan de la tierra. Porque, ¿de dónde saldríamos sino del surco de la Tierra?

Cantarle al amor o a las rosas


Cantarle al amor o a las rosas,
cuando todavía es de noche en mi casa,
en las casas del mundo entero,
en todos los senderos,
en todas las galaxias.
Cantarle al amor o a las rosas
desde todos los precipicios,
desde todos los miedos,
desde todos los nombres ocultos.
Cantarle al amor o a las rosas,
porque llegan de países lejanos,
descalzos, llagados, con las heridas abiertas,
buscando un corazón, un refugio,
un amparo que los proteja
del frío y de la nieve,
que les devuelva los ojos de la luna,
sencillos y atónitos.
Cantarle al amor y a las rosas,
antes de que sea tarde,
y nos muerda el hastío o la selva,
antes de que la pena los mate,
y los hombres levanten una estatua en su homenaje.