El hombre sin estrofas



A mi querida Rosa María ZGraggen, te lo mereces de nuevo. Pero esta vez dedicado también a tu hijo César Zar. Que te siga cuidando siempre.
(Gracias a @MuyLiberal por preguntarme esta mañana. Me has inspirado. Otra musa para mi colección).
¡Ah los suspiros! ¡Ah los dulces sueños!
¡Ah las tristezas íntimas!
Rubén Darío
Yo era un conjunto de versos sin categoría
con un estomago sáfico y una lira descompuesta.
Yo fui una décima que no se encontraba.

Quise estudiarte métricamente pero te convertiste
en un cuarteto isométrico. Ni los sonetos acariciaban
mi cuerpo en la oscuridad, noches nefastas y embriagadas.
Simplemente era un obrero de versos excitados.

Y empieza a llover en tus ojos amorfos.
No voy a desayunarte. El amor no es una tostada
con quintetos de mantequilla, grasienta quintilla.
El amor no es un verbo fugitivo. Sigues lloviendo
y llorando, insecto nuclear de adjetivos insignificantes.
Sigues ocupando nefastamente con las ecuaciones
trastocadas. Llora, llueves. Amargas.

Quise contabilizar tus pasos, pero tus piernas
promovían más crédito que débito enamorado.
Yo era la metáfora de un contrato indefinido,
pero me agotaban tus peonadas infatigables.
El amor no es ningún impuesto al sol,
ni cotiza obligatoriamente.

Voy a indemnizarte objetivamente, 20 días
es mucha agonía para que líquidamente me mates.
Yo fui un conjunto de versos aleatorios.

Kino Navarro
Sevilla, junio de 2016