Carta a un joven


¿Te digo una cosa?
¿Sabes qué es lo peor del mundo? Yo solía pensar que era trabajar en algo que no me gustase. Error.
Lo peor del mundo es no poder pagar tus deudas. Poder pagar TÚ tus deudas es un paso más en tu libertad e independencia. Implica asumir tu responsabilidad. No hay colectivo en que puedas sumergirte ni dejadez personal a que puedas abandonarte que pueda igualar eso ni de lejos, porque donde hay servidumbre no hay autonomía y donde no hay autonomía se apaga día a día el sueño de la libertad como conquista. Se olvida. Tú no querrás una libertad regalada porque siempre te acecharán los rencores. Eso no es verdadera libertad.
Al lado de la imposibilidad de asumir la responsabilidad de tu propia vida todo es un mal menor. Lo que te gusta o lo que no te gusta, lo que te apetece o lo que no apetece, lo que sueñas o lo que no, todo eso palidece o al menos ha de ser pospuesto hasta mejor ocasión. Primero has de resolver tu responsabilidad para contigo.
Te dirán que haciendo lo urgente se deja de hacer lo importante. Es justo al revés: dejar de hacer lo urgente te imposibilita para hacer lo importante. Yo aprendí eso y cristalizó en un pensamiento que me es propio: con cada cosa que hago compro el tiempo, con alegría, y no encuentro en ningún sitio mejor economía de vida que esta.