Y se cansó de que todos los días fueran iguales


Y se cansó de que todos los días fueran iguales.
Y decidió hacerlo todo distinto.
La rutina te mata porque la recreas cada día y no haces nada para cambiarla.
Los niños siempre serán imperfectos, siempre se mancharán, se dejaran las luces encendidas y reinará el caos entorno a ellos. El día que dejen de hacerlo, dejarán de ser niños, y ese día los habrás perdido. Serán adultos para siempre y probablemente ellos tampoco permitirán ser niños a tus nietos. Puedes intentar convivir con el pequeño caos, organizarte mejor, comprender que sus prioridades son otras e intentar educarlos sin amargarte la vida, porque nunca serán como tú deseas. Un día echarás de menos un niño en tu vida y habrás olvidado cómo sienten.

En el atasco de cada mañana siempre habrá algún torpe e inseguro que no sepa coger rotondas y dejará a todos esperando a que encuentre valor para seguir adelante. Puedes en la distancia seguir alterando tu forma de sentir esperando que una fuerza telepática le transmita tu enfado y nerviosismo para que de repente, tome valor y acelere el paso. También puedes poner la música más alta y disfrutar de esos cinco minutos que estas “perdiendo” contigo mismo.

En el trabajo, en la clase, siempre habrá un tonto al que no soportas y nada o poco podrás hacer para remediarlo. No te quejes y pide que “la suerte te acompañe” para que nunca sea ese tonto, ni tu jefe ni alguien que ejerza el poder sobre ti.

Una de las pocas cosas que puedes llegar a controlar es que el tonto nunca te gobierne. A menos que tengas la mala suerte de estar en minoría y que los tontos se reproduzcan, prosperen y te rodeen.

Parece que no cabe un tonto más (especialmente con derecho a micrófono). No olvidéis el proverbio…