O ellos o nosotros



He resistido mis ganas de escribir sobre lo ocurrido en París, sobre nuestras reacciones y sobre el cuñadismo generalizado que azota este mundo -y al que estoy a punto de subirme-.
Pero no he podido evitarlo.
Y quiero basarme en esta imagen. Puede parecer que es la menos indicada, la que menos importancia tiene, pero yo no lo creo así. En esta imagen vemos el protocolo, la seriedad, la civilización, la solemnidad. Los humanos -sobre todo en las guerras- beben constantemente de los símbolos y esta imagen es uno de ellos. Es el símbolo de la respuesta de una forma de ver la vida a la barbarie de otra.
Porque estamos en guerra. De civilizaciones, económica, de posturas entre bloques, de formas de ver la vida… los apellidos es lo de menos. El hecho es que estamos en una guerra y en las guerras hay bandos. Yo sé cuál es el mío, y es justamente el de este señor de la foto. Tenemos el mismo enemigo y hay que destruirlo, aniquilarlo. La tranquilidad (mal llamada paz) sólo está precedida de un conflicto.
Entiendo que esto que lo que estoy diciendo puede enfadar a muchos. Ya sé que el buenismo Gandhiano es muy fuerte en mis redes sociales, pero es que no puedo evitarlo. No puedo evitar indignarme con citas célebres como “ojo por ojo y el mundo quedó ciego” o “no hay que llegar a violencia, hay que hablar”. No es momento de hablar, ni son adversarios con los que se pueda hablar por el simple hecho de que no son civilización, sino barbarie.
Esto no es un conflicto diplomático, no es una rabieta de Rusia que se arregle con sanciones o diplomacia. Es una guerra con intereseses económicos, políticos y estratégicos con demasiada sangre de por medio. Y nos debería importar más de lo que creemos porque los muertos son como nosotros, gente como tú y como yo, gente que no movía hilos, que no tenían grandes compañías petrolíferas, gente que sólo quería vivir tranquila en su país, en su casa. Si no nos defendemos nosotros nadie lo hará.
Y la barbarie llegará. Y no habrá filtros de Facebook ni canción de John Lennon que pueda consolarnos.