Nate

Por Elena Domínguez

Eran las tres de la mañana de un oscuro Octubre, un chico sonreía en una situación bastante trágica. Miraba a sus padres, ambos muertos con unas expresiones de terror marcadas en sus caras. De fondo sonaba débilmente Blackbird que procedía de una pequeña radio que le había regalado su abuelo. El chico no se inmutaba ante tal situación, es más, parecía estar a gusto con ella, como si aquel fuese su más profundo deseo.

En aquel momento oyó la sirena de la policía que por aquellos momentos ya rodeaba su casa. Probablemente los hubiese llamado sus vecinos alertados por los gritos procedentes de su casa. “Malditos entrometidos”, pensó Nate de mala gana. Sabía de sobra que la policía estaba allí, entrando en su casa con todo tipo de pistolas y linternas. Un agente se le quedó mirando perplejo y le preguntó que si se encontraba bien. “Sí” dijo él como si aquella situación fuese la más natural del mundo.