La narrativa española hasta 1939

Texto: © Carlos Navarrete Navarro

A principios del siglo XX se afirma la crisis del Realismo, que dejará paso a tendencias innovadoras. Aparecen libros en prosa más descriptivos, líricos o ensayísticos. A medio camino entre el ensayo y la narrativa está Azorín, cuyas obras más interesantes son La voluntad, Antonio Azorín, Las confesiones de un pequeño filósofo, Los pueblos y Castilla. En ellos aparecen sus temas recurrentes: la microhistoria, el tiempo suspendido y su detallismo formal. Dentro de los autores del 98, Unamuno también se acerca con su narrativa al ensayo y supone una ruptura definitiva con la novela realista. Sus temas más frecuentes son el “hambre” de Dios, y la España provinciana de principios de siglo. Citamos entre sus obras Paz en la guerra, Amor y pedagogía, Niebla, Abel Sánchez, La Tía Tula o San Manuel Bueno, mártir. También de esta generación es Pío Baroja, el novelista por antonomasia de la época. En su primera etapa escribe Camino de perfección, El mayorazgo de Labraz, La lucha por la vida, César o nada y El árbol de la ciencia, caracterizados por la inadaptación social de sus personajes. En la segunda etapa, de reafirmación de la primera, escribe El gran torbellino del mundo, La sensualidad pervertida, El cura de Monleón y Memorias de un hombre de acción, en la línea histórica de La guerra carlista de Valle-Inclán o Los episodios nacionales de Galdós. Después de la Guerra Civil escribe sus memorias. Machado también escribe un libro en prosa: Juan de Mairena.

Con la llegada a España de las diversas vanguardias aparece una novela con rasgos vanguardistas, intelectuales o líricas. Tres son los autores representantes de estas tendencias: Gabriel Miró comienza su obra literaria bajo influencias del Modernismo: ambientes decadentes, personajes bohemios (Las cerezas del cementerio ) para pasar posteriormente a un estilo más personal que busca más la perfección formal. (Nuestro padre San Daniel, El obispo leproso )También escribe libros de relatos breves. Ramón Pérez de Ayala, muy anticlerical, relata la crisis de la conciencia de un individuo cercano a los personajes de las novelas de principio de siglo. (Tinieblas en las cumbres, Troterías y danzaderas ) Con Belarmino y Apolonio, Luna de miel, luna de hiel o Tigre Juan abre un nuevo ciclo en su narrativa, centrándose en reflexiones sobre distintos temas, con un tono irónico. Ramón Gómez de la Serna, además de ser el creador de las greguerías, tuvo una notable producción novelística: La viuda blanca y negra, ¡Rebeca!, La quinta de Palmyra., además de numerosos relatos breves. Muy influido por las vanguardias. Pero sin duda, es Valle-Inclán, el que a través de sus etapas, (decadentista, primitivista, del distanciamiento artificioso y de los esperpentos) más innovó tanto en el teatro como en la narrativa. Es autor de numerosos cuentos breves, que reúne en diversas colecciones: Epitalamio, Jardín Umbrío, Femeninas. Narraciones más extensas componen Las sonatas, Flor de santidad, la trilogía de La guerra carlista, Tirano Banderas y la incompleta El ruedo ibérico.

A finales de los años 20 la prosa termina por dar el paso hacia la narrativa vanguardista con la consideración de que la obra de arte no debe mostrar las preocupaciones morales, sociales y políticas de los autores. A estos autores se les denominó prosistas del 27, literatura deshumanizada o prosa de vanguardia. Todos los autores estuvieron muy influidos por Ortega y Gasset. Lo importante en sus novelas es la originalidad, el recurso a la fantasía y la imaginación, el humor, el ingenio y la ironía. Se centran tanto en la estructura como en el estilo. Destacamos a Benjamín Jarnés,

(Escenas junto a la muerte, Paula y Paulita ) Francisco Ayala, (Cazador en el alba, El boxeador y un ángel ) Max Aub, (Geografía, Fábula verde y posteriormente la novela de ruptura con las vanguardias Luis Álvarez Petreña ) Corpus Barga (Pasión y muerte, Apocalipsis, novelas empapadas del vanguardismo de la época con ingeniosos juegos narrativos) y Rosa Chacel, que sigue la idea de Ortega de la novela con mínima acción, de lenguaje metafórico y de tono ensayístico. (Estación, ida y vuelta )

A partir de 1925 también comienzan a aparecer una serie de relatos comprometidos socialmente en los que se tiende a una presentación realista de las situaciones y personajes, con una prosa sobria y directa, alejada del estilo metafórico de los vanguardistas. Sus temas son la guerra de Marruecos, los problemas del medio rural… en definitiva, se centran en la vida cotidiana. De entre estos novelistas, destacamos a Ramón J. Sénder. (Imán, O.P., La noche de las cien cabezas, Siete domingos rojos )

Durante la Guerra Civil, aunque la producción novelística no se detiene, es inferior a la de la poesía. En la zona republicana aparecen novelas de Arconada, (Río Tajo) Sénder (Contraataque) y varias de Herrera Petere. (Cumbres de Extremadura ) En el bando nacionalista escribieron relatos de ideología afín a los sublevados Concha Espina (Retaguardia) o Agustín de Foxá. (Madrid, de corte a cheka).