Descripción de los principales rasgos de la creación literaria de Valle-Inclán y su relación con las tendencias y estilos de la época

Texto: © Carlos Navarrete Navarro

Nace en Villanueva de Arosa (Pontevedra) en 1866. Comenzó a estudiar Derecho y sin terminar la carrera, emigra a México en 1892. Un año después, de vuelta en España, se convierte en un personaje pintoresco y se abre paso en los círculos literarios de Madrid y es uno de los principales estandartes del Modernismo. De talante izquierdista, se opuso a la dictadura de Primo de Rivera, a quien satirizó en 1927 en La hija del capitán.

Valle-Inclán es un hombre que literaturiza su vida, al igual que Unamuno, y como Juan Ramón Jiménez, revisa y depura continuamente sus textos, siempre a la búsqueda de nuevas formas expresivas. Es sobre todo un declarado antiburgués y esto le lleva a optar por el carlismo.

Aunque destaca como narrador y dramaturgo, escribe también poesía (Aromas de leyenda y La pipa de kif ) y algún ensayo (La lámpara maravillosa, de estética simbolista ). Podemos distinguir cuatro periodos en su producción:

La etapa decadentista Aunque el Modernismo es una referencia continua en Valle-Inclán, toda su producción literaria hasta 1906 se inscribe en la estética más declaradamente modernista. Comienza escribiendo numerosos cuentos breves que agrupa en los de tipo galante, amoroso y de terror y misterio. Estos cuentos, (Femeninas, Epitalamio, Jardín Umbrío…) son la base sobre la que escribirá sus obras mayores, por ejemplo, las Sonatas y Flor de Santidad. Las Sonatas, subtituladas Memorias del Marqués de Bradomín, recrean las peripecias de dicho Marqués en cuatro épocas de su vida y ambientes diferentes, que simbolizan las cuatro estaciones del año que le dan título. Música y simbolismo, son rasgos netamente modernistas, al igual que la caracterización del Marqués como un dandy, con rasgos incluso violentos, de clara influencia de Nietzsche. Junto a un lenguaje cuidado y un esmerado estilo, es la prosa más brillante del modernismo español.

En Flor de Santidad aparece ya la Galicia milenaria, evocando un ambiente que entre el mito, la religión y la leyenda, parece un refugio seguro. Este ambiente es también el trasfondo de su primer libro de versos, Aromas de leyenda, muy influido por Rubén Darío. Da en esta primera etapa sus primeros pasos como dramaturgo, de orientación también modernista, sobre todo con influencias del dramaturgo simbolista Maeterlinck. Obras teatrales de este periodo son El yermo de las almas, y dentro del teatro de ensueño escribe en prosa Tragedia de ensueño y Comedia de ensueño.

La etapa del primitivismo. En tres años escribe Águila de blasón, Romance de Lobos y la trilogía de las guerras carlistas (Los cruzados de la causa, El resplandor de la hoguera y Gerifaltes de antaño). En todas ellas ensaya el primitivismo. La violencia, la crueldad, la destrucción, y el mundo rural con sus leyendas, mitos y supersticiones son rasgos comunes a los dos dramas y a las tres novelas. Quedan atrás el esteticismo aristocrático con el que afrontaba el tema de Galicia en sus obras anteriores. Las historias contadas en Águila de Blasón y Romance de Lobos, los escenificará posteriormente en Cara de Plata.



En la trilogía de Las guerras carlistas se asiste a unos sucesos temporalmente cercanos, pero vividos a veces como si hubiesen ocurrido en un tiempo muy arcaico. Estas novelas se alejan de la estética realista debido a su tendencia a lo fragmentario, estructura episódica y atención al estilo y al lenguaje por encima de todo.


La etapa del distanciamiento artificioso. Durante la segunda década del siglo XX Valle-Inclán escribe mayoritariamente teatro en verso. Pero no es un teatro modernista sino experimentos dramáticos donde crea un mundo artificioso, muy literario. Obras de este periodo son Voces de gesta, La Marquesa Rosalinda, de tono grotesco, El embrujado, Farsa infantil de la cabeza del dragón y Farsa italiana de la enamorada del rey. Busca en estas obras inspiración en la tradición teatral clásica, pero alejándose cada vez más de situaciones y personajes, que cada vez más parecen marionetas, caricaturas grotescas, claro antecedente de su última etapa.

La etapa de los esperpentos. El año 1920 supone un gran cambio en la literatura del gallego. Publica Farsa italiana de la enamorada del rey, Farsa y licencia de la reina castiza, Divinas palabras y Luces de bohemia. En las farsas, el Modernismo ha desaparecido y los personajes son fantoches. Se ridiculiza la España isabelina. Divinas palabras retoma la Galicia rural, llena de tarados que le acercan al feísmo. Su teatro es cada vez más personal y alejado del teatro convencional de su época. La estética del esperpento, claramente presente en Luces de bohemia, se intensifica en las restantes obras de Valle-Inclán como Los cuernos de Don Friolera, parodia del honor calderoniano de Echegaray. Estas dos últimas obras, sufren posteriormente cambios sustanciales para aclimatarlos a los sucesos de la época. Ocurre igualmente con las dos siguientes obras: Las galas del difunto y La hija del capitán. Se desarrollan las vidas de los peleles en un momento histórico con una actitud, por parte del dramaturgo, distanciada y parodiando mitos y tópicos literarios, todo ello muy característico de la deshumanización del arte de las vanguardias.

En Retablo de la avaricia, la lujuria y la muerte (compendio de varios experimentos dramáticos) se sigue mostrando la grandeza de este dramaturgo.

También en esta última etapa escribe novela. De hecho, las fronteras entre teatro y novela se difuminan cada vez más en Valle-Inclán. Las grandes novelas de este periodo están próximas a los esperpentos teatrales tanto en estilo, lenguaje, como en la importante relevancia del diálogo. Tirano Banderas es la primera narración que incluye tintes esperpénticos y con tema y ambiente americanos. Es una sátira de una dictadura sudamericana, con claras influencias vanguardistas. Las últimas novelas de Valle-Inclán, La corte de los milagros, Viva mi dueño y la inconclusa Baza de espadas, presentan narraciones alocadas y fragmentarias, suma indiscriminada de anécdotas, dando la impresión, consciente por parte del autor, de un rompecabezas.