Poemas de Álvaro Iván Ortegón González

ÁLVARO IVÁN ORTEGÓN GONZÁLEZ
Psicólogo, T.P.: Nº 116693
Universidad Santiago de Cali
Cel: 300-2672264

Dolor de lejanía

Musa mía, piénsame,
yo te pienso cada día
y más, en esta noche solitaria,
¡Ay, tan dolorosa lejanía!
Con lo mucho que te extraño
pernocto en una amarga inarmonía.

Mi pobre corazón llora y palpita
cuando escucha tus suaves palabras,
cuando intuye tus latidos
y se aflige cuando piensa:

“¿Será que su amor me nombra?
¿Será que la noche le susurra mi dolor?
¿Será que mi recuerdo acaricia su alma?”



Yo te necesito amor mío
y más, en esta noche solitaria,
con el tiempo que no da tregua
y el viento que declama:

“Aurora única tuya,
mujer de cabellos radiantes
como la luna alegre y enamorada,
ámala por siempre,
aurora única tuya,
siéntela eternamente
y bésala a su llegada”.

Sabio hermano viento,
traedme su aroma de azucena
y decidle que la amo,
que la amo tiernamente
y más, en esta noche solitaria,
y que su presencia me es necesaria
como la luz a mi mirada…

Musa mía, piénsame,
yo te pienso cada día
y más, en esta noche solitaria,
con mi frágil alma vacía
y mi corazón,
a merced de tu alma.

Natividad

Desde una nube descendí a la vida,
mi primer mundo lo tuve en su vientre:
paraíso terrenal nunca permanente.
Un umbral ensanchado fue mi salida.

Lloré mucho al no haber vínculo,
roto el cordón vislumbré un precipicio,
respiré el aire e intuí la muerte como un círculo.
Extinto mi Edén, el dolor fue el inicio.

Encontré a mamá y me tomó en sus brazos,
mi madrecita lloraba el festejo
en medio de su risa y sus tiernos besos,
sentía que estar aquí, ya no era un invierno.

Palpitaba su corazón en mi alma.
Pronto de su seno recibí noble calor
y bañado en lágrimas de dulce aroma
sentí la calma y dormí en su amor.

Genocidio

Según iba bajando por senderos impasibles,
escuché unos niños llorando desesperados,
paramilitares habían asesinado a sus padres
dejándolos huérfanos y cruelmente abandonados.

En el zafarrancho de los malditos fusiles,
muchos niños las balas atravesaron sus corazones,
centenares de hombres desalmados
destruían los hogares de compatriotas pobres.

La infernal noche fulgía en truenos de la muerte,
los desplazados se ocultaban entre los matorrales,
otros sin esperanza caían derribados
por impulsos horrendos en sus rostros de dolores.

Era un pandemonio esta tierra colombiana,
sólo gritos y fuego acompañaban la oscuridad,
ni las súplicas a nuestro Dios magnánimo
podían detener esta aberrante maldad.

La indiferencia del insensible Gobierno
dejaba a su bestial merced a nuestros hermanos,
el miedo y la incertidumbre los asfixiaba
y todos corrían como si viesen al diablo.

El amanecer acogía su humilde canto,
oraciones y lágrimas parían ríos desolados,
los niños famélicos clamaban por alimento
pero no había nada para darle a sus labios.

Durante el día rememoraron lo acontecido,
diligentes fueron a la autoridad competente,
sin lograr que escucharan su clamor de ciudadanos
regresaron pálidos ante su realidad inclemente.

Los militares llegaron con la tranquilidad del ocaso,
ya el terreno era un lugar pútrido y cruento,
y a cambio del gran sufrimiento humano,
rieron y brindaron, por los campesinos muertos.

Súplica

No muera exangüe mi triste corazón
ante las tinieblas del remordimiento,
no agonice su cuerpo macilento
ni el dolor perfore su razón.

No acuda el suplicio de socavado silencio
a esta cruda metáfora en pos de Dios,
no devore mi fugaz existencia como un adiós
ni ríase la muerte en medio del cencio.

Quiera el Ser de luz darme la salvación,
quiera su amor llevarme al infinito
¡y el universo albergue mi exhumación!

Ame el Señor mi espíritu maldito,
ame mi pobreza y mi fúnebre oración…
¡Oh perdón, para el mortal proscrito!

Melancólico

Soy un abatido labriego.

En tiempos de soledad y tedio,
soy espanto del valle de tierra pobre
que bajo el sol violento y amarga noche
ignora el llamado de tu alma
y se enclaustra en un rincón solitario…

Nunca llegues a pensar, que eres motivo
de mi guerra interior…

Siempre he vivido en las honduras del dolor,
en los pertinaces reproches de suelo blando
donde soy mártir de mis frustrados sueños
y lúgubre mendigo de impulsos extraños.

He sido marinero de áridos océanos
que nunca bebió un licor vivificante,
que fue consagrado en la infinitud del silencio
y navegó en mundos fantasiosos
soportados en olas descendentes.

Perdona, amor mío,
no hallo un momento de sonrisa
en el escaso brillo de mi senil corazón
como el insulso despojo de la esperanza;
ni siquiera el viento y su canción
logran darme una cálida mano
ni un entrañable abrazo,
porque soy prisionero de mi lamento
y ya nada me hace feliz.

Soy un taciturno labriego.

En tiempos de soledad y tedio,
soy espanto del valle de tierra pobre
que bajo el sol violento y amarga noche
ignora el llamado de tu alma
y se enclaustra en un rincón solitario…

¡Abandona el precipicio de mi vida!
¡No te manches con la hiel de mi llanto!

Tu primera vez

Sumergida en dorada seda
alcanzo tu fogoso pecho,
tibia luna, lisa y llena,
ágil respiras en el lecho
el aroma de mi deseo fugitivo.

Dispuesta gaviota de delicadas alas,
arcano de amor, seductora escultura,
rocías invernales gotas de dulzura
e inundas mis ojos de pasión y locura.

Tiemblan tus piernas de miedo,
huye tu silueta en medio del asalto…
No soportas tu anhelo,
regresas incitada en sensual postura,
mi insaciable piel vibra con tus pasos
en el lecho de tu noche virgen.

Al llegar tú, desnuda, ansiosa, vencida
desplazo mi cuerpo a tu umbral receptivo,
devoro la castidad de tu alma perpleja:
eclipse lúcido como el gallardo verano
¡Oh, maravilloso mundo de colágeno!

Bardo surfeador

Sobre olas salinas de azul viviente,
yo, bardo solitario sin un ápice de suerte,
elevo mi plegaria marina
al Océano: luz de mi simiente.

Surfeo en la espuma de undívago champagne,
la brisa acaricia mi rostro como a un niño
y puedo amar la vida como nunca…

¡Señor, dadme un momento más para sentirla!
¡Dadme la paz que siempre añoro!
¡Dadme tu amor como a un hijo!

Surfear, surfear sin descanso en el mar,
junto a las aves cantoras que agitan sus plumas
me deleito con la danza de las algas y los peces,
y los hilos del sol, tatúan en mi corazón el destino.

Sobre olas salinas de azul viviente,
yo, bardo solitario sin un ápice de suerte,
elevo mi plegaria marina
¡a ti mi Dios que me otorgarás la muerte!

Homo Sapiens

Ascendió del fondo de un estanque,
ansiosa figura, esclava del deseo
con fuego transformó el mundo,
ahora, destruye hasta su propia vida
y su mortaja envejece el planeta.

Nómada entre proscrita existencia
exhala ímpetu de siervo sin tierra,
devorador agudo, mortal pensador:
discurso moral de bondad fraterna.
Su vandalismo es la indiferencia.

Cínico ofende la bella naturaleza:
madre de blandos cielos y glebas.
Suprime los vastos continentes,
condena animales a muerte,
aniquila el suelo, el aire y la esfera.

Para los dioses bohemios, preferido hijo,
ante la vistosa Tierra, repulsiva plaga,
destructora de flora, vendedora de fauna
de manera infausta clava su daga
¡Maldito ser que surgió de la nada!

Adiós Benedetti

Adiós amigo, hermano
adiós maestro de siempre
adiós poeta uruguayo
adiós músico silente.

Adiós poemario de sensible saeta
donde el coloquio fue tu canción,
adiós que mis lágrimas no dan tregua
y mi corazón palpita de dolor.

Adiós amigo, hermano
adiós maestro yacente
adiós poeta uruguayo
adiós músico silente.

Adiós porque tu voz develó el mortuorio eco
y porque tus versos los asperjó el viento,
adiós a la muerte que extinguió tu aliento
y a tu alma, Dios la acoja en su pecho.

Adiós amigo, hermano
adiós maestro subiente
adiós poeta uruguayo
adiós para siempre…

Espejo

Mundo de llanto
mundo austero,
bebí las aguas de tu alma
con mis ojos en su reflejo.

Mendigo que en vano
avisté tus fueros,
redentor de antaño
sombra de mi sueño.

¿Por qué seguiste cauto,
asiduo con tu silencio
si llorabas como una madre,
si tus heridas no eran mi consuelo?

Yo blandí el acero del hijo amado
que caminó por el fuego de tu seno,
con las bestias olfateando
y el hambre un dolor en el pecho.

Y tú,
mundo de llanto
mundo austero,
fontanar del veneno
de este oscuro canto,
son mis lágrimas las notas
de tu musical espejo.