El final del principio

Parte final del Pregón de la Semana Santa de Sevilla 2011

Estrella fulgurante y rayo de plata de la luna de cada noche, bendito lucero del alba de cada mañana, sol esplendente de cada día, vaso del más fino alabastro donde se espeja con garbo el río que besa con su orilla tu Resolana y al que este año sorprendiste reflejándote en sus aguas al atravesarlo por vez primera, Giralda de la elegancia, Alcázar de la realeza, Torre del oro de la gracia, Reina de tu barrio, Alegría de sus calles, Señora de sus casas, delirio de tus hijos, Custodia de tu muralla, puerta siempre abierta de tu Arco, Emperatriz de tu Centuria, Bendita Maestra del taller de tus señoras del ropero, locura de amor de tus Macarenos del Atrio, destinataria de la constante ofrenda de tus Donantes de Flores, centro del eje de la rueda de la vida, Esperanza de mi familia, Madre en la tierra de tus amores, en la que si decimos que tan solo en el cielo te aman mejor, es porque allí con las legiones de ángeles, arcángeles y querubines hay también una legión inmensa de sevillanos y macarenos y gentes de todo el mundo que tanto te quisieron en vida y te siguen queriendo en la Gloria.

Tu que eres la Esperanza de un mundo que se estremece ante todo lo que contempla, Tú que alimentas nuestra ilusión y nuestra confianza puestas en Ti, Tú que eres la verdadera y única meta de nuestro amor, Tú regalo bendito de Dios a Sevilla, Tu lo eres todo para nosotros, Tú y sólo Tú, y por eso esta Ciudad, por encima de todos los calificativos que quieran asignarle es la Ciudad de la Esperanza. Esa Ciudad, que Tú lo sabes bien, en el delirio de amores con que te quiere, antes de que entres de nuevo en tu Basílica y deje de tenerte en sus calles, busca cada año un ángel macareno que desde la bóveda de los cielos te cante la saeta que, rebasando el espacio de tu bendita tierra, llegue a los confines del mundo entero para que sepan por qué esta Ciudad es Ciudad de la Esperanza porque:

Sevilla vio su Esperanza, en
tu carita morena, y te hizo
su Madre buena, el centro
de su bonanza, y te llamó
Macarena.

Muchas gracias.

Fernando Mª Cano-Romero Méndez