Mitos clásicos (XVI): El infortunado Jacinto

“Jacinto era un joven vigoroso y varonil. Apolo lo amaba de verdad y lo trataba como a un hijo. Los dos eran compañeros de juegos al aire libre y amantes del deporte. Céfiro, el viento oeste, se sentía celoso de esa amistad, porque admiraba también al hermoso y activo joven. Por eso, siempre que el dios sol y Jacinto competían para ver quién lanzaba más lejos el disco, Céfiro se entrometía y soplaba con fuerza, para que perdiera Apolo.
Esto no era justo, pero Apolo nunca se quejaba, porque le gustaba mucho ver vencer a Jacinto. Un día, en el preciso instante en que el dios acababa de arrojar el disco, Céfiro sopló contra él con toda su terrible fuerza. La placa de metal giró repetidas veces y retrocedió, yendo a dar al pobre Jacinto un golpe mortal en la cabeza. Apolo se lanzó en su auxilio, pero nada podía ya salvar al joven: era imposible modificar la voluntad de las Parcas. Cuando el dios Sol vio que aquella vida se esfumaba, convirtió al mancebo en flor. Sobre los pétalos de jacinto –de una especie distinta de la que actualmente se conoce- inscribió la palabra griega ai, que significa eternamente.”