Mitos clásicos (XIV): La fuente de Aretusa


“Neptuno (Poseidón) gobernaba también a los dioses del río, pero nunca se entrometía en sus asuntos amorosos. El dios del río Alfeo se enamoró de una ninfa del bosque, llamada Aretusa, que se bañaba en sus aguas. La persiguió, pero ella, al huir, imploró la protección de Diana, y ésta acudió en su auxilio y la convirtió rápidamente en una fuente. No obstante, el río trató de abrazarla y, en cierto lugar, se puede ver aún el sitio donde la fuente, huyendo de su perseguidor, se metió en el suelo y, pasando bajo el mar, brotó de nuevo en Sicilia. El río siguió visitándola, fluyendo sobre las olas, pero nunca pudo llegar hasta la fuente ni enturbiarla y hubo de conformarse con contemplarla de lejos.”

Por lo general, los animales marinos y las ninfas no se alejaban de sus hogares acuáticos. La tierra les parecía un sitio seco, incómodo, siempre demasiado caliente o demasiado frío, y se asombraban de que la especie humana quisiera vivir allí, en vez de morar en el mundo azul y verde del agua. Sin embargo, hubo una época en que los espíritus estuvieron en libertad de vagar por todas partes. Fue cuando Júpiter (Zeus) abrió las compuertas del cielo e inundó el mundo entero, convirtiéndolo en un solo gran océano.