Mitos clásicos (VIII): Perseo y la cabeza de Medusa



“En toda Grecia, había un nombre que sólo se decía en voz baja, con temor. Al oírlo, palidecían las mujeres, y hasta los hombres más valientes sentían que un escalofrío recorría su cuerpo. Ese nombre era Medusa, y designaba a una de las tres horribles y monstruosas hermanas llamadas las Gorgonas.
Las Gorgonas eran mujeres de enormes dimensiones y salvajes apetitos. Tenían garras de bronce, alas de oro y colmillos de marfil. Medusa era la más terrible de las tres, porque Minerva (Atenea) le había cambiado sus cabellos por serpientes, dándole el poder de convertir en piedra todo lo que miraba. Este poder le había sido otorgado para su protección, ya que, a diferencia de sus hermanas, Medusa era mortal.
El héroe Perseo partió para matar a Medusa, aunque la gente se burlaba de su pretensión. Como hijo de Júpiter y Dánae, su espíritu era indomable. Además, se proponía hacer buen uso de la cabeza de la Gorgona si lograba apoderarse de ella.
En su equipo contaba con un espejo de Minerva para evitar ser petrificado, unas sandalias aladas de las ninfas, el yelmo de Hades, que lo haría invisible, una bolsa de cuero para llevarse la cabeza de Medusa, y una espada que le dio Mercurio (Hermes).
Con todo eso, la tarea era mucho más fácil. Mientras Medusa dormía junto a sus hermanas, Perseo fue trasladado por las sandalias aladas al lugar donde estaba tendida. Se puso de espaldas y, utilizando el espejo de Minerva para ver hacia atrás sin peligro de ser petrificado, se acercó a Medusa y de un solo tajo de su espada le cortó la cabeza y la metió en la bolsa. Luego, huyó con la rapidez del viento, antes de que despertaran las Gorgonas. Éstas volvieron en sí demasiado tarde y gritaron de horror al ver a Medusa decapitada.
Perseo usó la cabeza de Medusa para dos buenos propósitos. Primero, emprendió un viaje a su país, para convertir al pobre y viejo gigante Atlas en una gran montaña de piedra, que pudiera sostener el cielo eternamente, sin fatigarse. Luego, volvió a la corte del malvado rey Polidectes, que lo había obligado a emprender la peligrosa aventura. Encontró a todo el país en fiesta, para celebrar el casamiento del rey. Pero cuando Perseo descubrió que la novia era Dánae, su propia madre, y que la obligaban a desposarse contra su voluntad, puso fin a la fiesta convirtiendo en estatuas de piedra al rey y a sus partidarios. La cabeza de Medusa, que Perseo alzó ante los ojos de la multitud, era poderosa hasta en la muerte.”