Textos argumentativos


La Sevilla Kaliber (sin)


Cerca de Torreblanca de los Caños, por la carretera de Mairena del Alcor, conforme se va, a la izquierda, se alza la nueva fábrica de la Cruz del Campo. El antiguo templete que da nombre a la cerveza ha sido sustituido por un prisma multicolor a modo de Cubo de Rubick. Los Reyes vendrán a inaugurar esa fábrica, lo que compensará tantos cierres de negocios. No sólo la centenaria Papelería Padura. Basta darse una vueltecita por el centro para ver la de barquinazos que se han pegado. Toda Sevilla está llena de letreros: «Se traspasa», «Liquidación por fin de negocio», «Nos trasladamos al Polígono Ruini», «Se vende». («¿A que no?», como escribió debajo un guasón en Utrera.)

En la Cruz del Campo elaboran una cerveza que es el mejor símbolo de Sevilla. Aunque tenga por escudo un caballo, no representa a Jerez, como parecer puede, sino a Sevilla. Es la Kaliber. La mejor cerveza «sin» del mundo. Y que conste que lo digo también «sin»: sin exagerar. Cerveza «sin» que es la mejor representación de Sevilla. Donde últimamente todo es completamente Kaliber. Esto es, completamente «sin». Habrá que ir pensando en bajar la Giralda de la torre mayor y poner allí el caballo de la Kaliber. Apunta, nene, ya verás por qué digo que ésta es la Sevilla Kaliber:

Metro sin Vivaldi.- El 20 de diciembre, esto es, en pleno Solsticio de Invierno, que dice el protector del Lolo, empezará a circular el metro. Es un metro discotequero en el Ipod de los MP3: de tecno, salsa, rock duro, hip hop, rap y cosas así. Porque a este metro no le gusta absolutamente nada Vivaldi. Arranca sin «Las cuatro estaciones», del mismo modo que el Festival de Cine sin el «Concerto Grosso». Las cuatro estaciones de Vivaldi, digo, del metro, son: Puerta Jerez, Montequinto, Europa y Olivar de Quinto. Hablando de Quinto: quinto, levanta, tira de la manta, a ver si me explicas por qué después de un retraso de tantos años se arranca sin 4 estaciones. Y lo más inexplicable: por qué el metro va a cerrar a las 11 de la noche, con lo fresquito que se está a las 11 de la noche en la calle por el verano. Vamos, por el Solsticio de Verano, que dice el de los 25.772 votos.

Carambolo sin Tartessos.- Ni Argantonio ni la tartésica madre que lo parió. A los 50 años de su hallazgo, resulta que el Tesoro del Carambolo no es de Tartessos, sino fenicio total. Aunque lo tengo dicho y escrito: el mejor tesoro que se encontró en Camas no apareció el 30 de septiembre de 1958, sino antes, el 26 de mayo de 1957. Fue cuando debutó en la Maestranza el Faraón de Camas. Que ése sí que sigue siendo Tartessos puro, Argantonio total. En el escudo de la Villa de Camas tenían que quitar el collar tartésico y poner el capotito de Curro.

Fibes sin ampliación.- En los presupuestos del Estado, ni un duro para Fibes. Sólo buenas palabras del cara de Miguel Sebastián. ¡Prontito le van a hacer esto a los catalanes!

Alfonso XIII sin ofertas.- Me lo anunció Lopera el Bueno, don Antonio Lopera López de Priego, el que fue director de ese hotel, del Villamagna y del Puente Romano: «Con ese pliego de condiciones no habrá empresa hostelera que puje por el Alfonso XIII». Así ha sido. Le ha pasado como a Isla Mágica, que como no se quede con ella la Anaconda no sé quién va a cargar con el muerto.

Sedes sin militantes.- El Partido Comunista tiene en Sevilla 10 sedes para 338 militantes. Claro: tú hablas del PC y se creen que es el ordenador personal, nunca esa antigüedad del comunismo. Pero con 25.772 votos y 338 militantes, menuda dictadura mantiene sobre el alcalde la tribu de los indios cachimbas.

Tita sin Museo.- La colección Carranza y la colección Thyssen nunca vendrán. Lo que no sabía yo es que Bernardo Bueno le da al cante. A eso de «No merece la pena llorar por la colección de la baronesa» que ha dicho, le pones música y es como el «No llores por mí, Argentina».

Y el palio «sin».- Y al final, pero no lo último, el palio «sin». Gran invento del capilliteo genuflexo ante el poder laicista que suelta la tela y que quita el crucifijo de Juan Manuel de Prada. Aquí en Sevilla, señores, hemos inventado el palio de la Macarena sin Macarena. Como el manto camaronero, el Palio Kaliber: sin.


El Poyaque de la Avenida


El Poyaque es mucho más importante para la economía que el precio del barril de petróleo, que se acerca a los 75 dólares, sin que nadie le dé la menor importancia. ¡Hala, como si lo regalaran y la inflación no existiera! Mientras el precio del barril de petróleo retarda el crecimiento y aumenta la inflación, el Poyaque promueve la actividad económica y aumenta el PIB. Ya saben qué es el Poyaque, el movimiento continuo en cuestión de ladrillos y mezcla:

-Pepe, poyaque vamos a poner la cocina nueva y poyaque están aquí los albañiles para cambiar el suelo, ¿por qué no quitamos también los azulejos del cuarto de baño, y lo ponemos de mármol?

El Poyaque no solamente existe en las casas particulares donde llegan los contratistas y ponen la cuba en la puerta:

-Poyaque está la cuba, vamos a cambiar también la solería de la azotea y a poner tela asfáltica, Pepe.

El Poyaque existe también en la principal casa de Sevilla, hogar de todos: en la Casa Grande de San Francisco, vulgo Ayuntamiento. Donde no hay la menor capacidad de resistencia ante el Poyaque. Y del mismo modo que el Poyaque que se le ocurre a aquí-mi-señora lo paga usted, y se tienta la ropa antes de decir que sí, el Poyaque municipal, como también lo paga usted, en dinero y en sofocones, es mucho más complaciente.

Un amigo que manda tela en el Ayuntamiento me ha revelado bajo secreto de confesión que todo lo que está ocurriendo con la Avenida y con el colapso general de la circulación es por el Poyaque. El Poyaque tiene raíces históricas en Sevilla. El primer Poyaque fue el de los canónigos que hicieron la Catedral: «Poyaque hacemos una Catedral, fagámosla tal que nos tomen por locos».

En nuestros días, he aquí, cómo, Poyaque a Poyaque, el Ayuntamiento ha organizado tan perfectamente el caos actual:

Poyaque que el Metro no puede entrar al centro, porque se cae la casa de los Guardiola, hagamos un tranvía.

Poyaque va haber tranvía de la Pasarela a la Plaza Nueva, peatonalicemos la Avenida, que es lo que siempre quiso Soledad Becerril, pero no se atrevió, porque ¡la que le habríamos liado los del PSOE al PP si llega a organizar un follón de circulación como el nuestro!

Poyaque es Semana Santa y ponen las barandas y las sillas, aprovechemos y dejemos cortada la Avenida para siempre.

Poyaque no están todavía adjudicadas las obras del tranvía y no sabemos quién ni cómo las va a pagar, aprovechemos, y cambiemos el colector, las tuberías del agua de Emasesa y las redes de riego de agua filtrada, el alcantarillado y lo que haga falta.

Poyaque hemos cortado el tráfico en la Avenida y se ha formado el follón en la calle Zaragoza, cortemos también la calle Zaragoza.

Poyaque todo el mundo dice que tiene que entrar porque tiene una plaza de aparcamiento en la calle Albareda, expropiemos el aparcamiento de Albareda y listo.

Poyaque hemos dejado al centro sin autobuses y sin taxis, y de momento no han quemado el Ayuntamiento, peatonalicemos también la Puerta Osario y la Alameda, y así llagaremos antes a lo que decía Burgos: que aquí vamos a terminar haciendo peatonal hasta la Ese Treinta...

(Pero no se preocupen. Mientras Sevilla está patas arriba y no se puede dar un paso, el Ayuntamiento ha tomado el acuerdo que todo el mundo esperaba y que a todos nos quitaba el sueño: van a quitar los nombres franquistas de las calles. ¡Hombre, por fin, menos mal! Ese es el principal problema de Sevilla: quitar los nombres franquistas a las calles. Así nadie se acordará de aquellos tiempos de oprobio e ignominia, cuando la dictadura nos obligaba a ir con tantísimas incomodidades en taxi, en autobús o en el 600 por la avenida Queipo de Llano.)
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Contra el fanatismo

Creo que la esencia del fanatismo reside en el deseo de obligar a los demás a cambiar. En esa tendencia tan común de mejorar al vecino, de enmendar a la esposa, de hacer ingeniero al niño o de enderezar al hermano en vez de dejarles ser. El fanático es una criatura de lo más generosa. El fanático es un gran altruista. A menudo, está más interesado en los demás que en sí mismo. Quiere salvar tu alma, redimirte. Liberarte del pecado, del error, de fumar. Liberarte de tu fe o de tu carencia de fe. Quiere mejorar tus hábitos alimenticios, lograr que dejes de beber o de votar. El fanático se desvive por uno. Una de dos: o nos echa los brazos al cuello porque nos quiere de verdad o se nos lanza a la yugular si demostramos ser unos irredentos. En cualquier caso, topográficamente hablando, echar los brazos al cuello o lanzarse a la yugular es casi el mismo gesto. De una forma u otra, el fanático está más interesado en el otro que en sí mismo por la sencillísima razón de que tiene un sí mismo bastante exiguo o ningún sí mismo en absoluto. El señor Bin Laden y la gente de su calaña no solo odian a Occidente. No es tan sencillo. Más bien creo que quieren salvar nuestras almas, quieren liberarnos de nuestros aciagos valores: del materialismo, del pluralismo, de la democracia, de la libertad de opinión, de la liberación femeninas Todo esto, según los fundamentalistas islámicos, es muy pero que muy perjudicial para la salud.
Amos OZ en Editorial Siruela